jueves, 12 de abril de 2012

El extraño exilio del escritor

Por Silvia Hopenhayn | Para LA NACION

Ciertos escritores europeos que emigran a los Estados Unidos no pueden dejar de escribir sobre la impresión que les causa una cultura repleta de certezas. Le ocurrió a Nabokov, cuando llegó en los años 40 y reflejó su asombro y desidia en Lolita , su obra maestra, inicialmente prohibida. También podríamos pensar en otros artistas, cuya obra se modificó en el traslado, desde las canciones de Los Beatles hasta las películas de Hitchcock. El país parecer ser tan vasto como los efectos que provoca.

En una novela espléndida, que ahora se publica en la Argentina, el escritor rumano Norman Manea, uno de los invitados relevantes de la próxima Feria Internacional del Libro, se hace referencia al "aura mítica de los escritores expatriados". Es lo que le sucede a uno de los personajes: "Peter Gaspar afrontó su picaresco debut estadounidense sin asombro. Había esperado este tipo de peripecias. Para quien lo había conocido en su antiguo país, no eran sorprendentes la indulgencia con que aceptaba lo inusual ni el distanciamiento con el que asimilaba las sacudidas (?) A cierta edad y con una biografía del Este de Europa, parecía preferible enfrentarte a cualquier cosa a que no volviera a ocurrirte nada. ¿Experimentaba precisamente ahora, en el bosque estadounidense, su propia narración? ¿Aceptaba la reeducación, las simplificaciones que el pragmatismo del nuevo domicilio le exigían?"

La novela se titula La guarida (Tusquets Editores), y si bien da cuenta de la problemática del exilio, lo hace desde la paradójica libertad del que lo pierde todo. Otra frase del personaje: "Tengo una necesidad urgente y absoluta de irresponsabilidad". Como señala Vargas Llosa, "Manea escribe sin amargura ni rencor, con una extraordinaria libertad de espíritu, fantasía y hasta con derroches de un humor que recuerda el de los mejores protagonistas de la novela picaresca".

Como la historia ocurre en un ámbito académico, se combina la persecución de las ideas con la aparición de una ex mujer. Si bien no son lo mismo, tanto el amor como las ideas se resisten a ser abolidos.

Norman Manea (1936) fue deportado en su infancia, en 1941, por las autoridades fascistas rumanas, aliadas con la Alemania nazi, al campo de concentración de Transnistria, en Ucrania, con su familia y toda la población judía de la región. Volvió en 1945 a su país y luego partió definitivamente a los Estados Unidos, donde actualmente es profesor. A partir del éxito de autobiografía novelada El regreso del Húligan , (tan festejada por Antonio Tabucchi), se convirtió en referente ineludible (aunque varias veces censurado) de la literatura rumana. Su fervor crítico no está exento de precisión sentimental y poética. Describe a sus personajes por acciones, y le otorga a sus rasgos la premonición de un destino. Candidato al Premio Nobel, Manea se nutre de clásicos como Thomas Mann, Musil o Elías Canetti.

Su obra (tanto narrativa como ensayística) es vertiginosa, ácida y conmovedora

miércoles, 11 de abril de 2012

La historia del argentino que le ganó al Pentágono

Un argentino se enfrentó al poder militar más grande del mundo y ganó. Gustavo Sierra –corresponsal del diario Clarín en las guerras de Irak y Afganistán, entre otras– contó su historia por primera vez en este diario. Ahora, con herramientas de la ficción, las relata en su primera novela El cartel de Bagram (Lid), que se publicará simultáneamente en Argentina, México y España.

Sierra reconstruye el derrotero del cordobés Juan Torres, un inmigrante en Estados Unidos que nunca se resignó a aceptar las razones que esgrimió el Pentágono para explicar la muerte de su hijo el soldado John Torres supuestamente herido en combate en Afganistán. El hombre tenía por qué sospechar. La última vez que lo había visto, su hijo le sugirió que en la base estadounidense de Bagram enviaban heroína rumbo a Estados Unidos. “Estoy asqueado, hay tipos que están traficando heroína dentro de la base”. Por eso no les creyó cuando le dijeron que no abriera el ataúd de su hijo porque estaba decapitado.

Sin embargo, las sospechas y la presión de Torres para obtener justicia se toparon con un responsable tan poderoso como el Pentágono: la multinacional farmacéutica que fabricaba las pastillas contra la malaria que terminaron matando a su hijo John. Torres los llevó a juicio para evitar que otros chicos, como su hijo, sean utilizados por el ejército y las farmacéuticas como conejillos de India.

domingo, 1 de abril de 2012

El dolor de Malvinas invade las librerías

Investigaciones, relatos, revisionismo y ediciones actualizadas ponen el foco en el conflicto de 1982

Por Fernando Massa | LA NACION

volvieron pero no pudieron soportar lo vivido y dijeron basta. De los que eligieron seguir adelante para dar su testimonio. Los secretos, ls que aún no se contó, distintas visiones, investigaciones. Y siempre el dolor, intacto tras los sucesos que siguieron al 2 de abril de 1982.

Dos días antes del trigésimo aniversario del desembarco argentino en las islas Malvinas, el recuerdo, las vivencias y distintas visiones sobre la guerra también se hacen presentes en lugares de privilegio en las vidrieras de las librerías. Son más de una docena de títulos, de lanzamientos estratégicamente pensados para esta conmemoración.

Entre los libros nuevos se advierte una particularidad: una mirada más focalizada en hechos y anécdotas puntuales relacionados con el conflicto bélico por sobre una mirada general de lo sucedido. Las violaciones de los derechos humanos durante la guerra; los vuelos de siete pilotos de Aerolíneas Argentinas en busca de armas o la historia de los cinco rabinos que asistieron espiritualmente a los combatientes son algunas de las temáticas desarrolladas. De todas maneras, también pueden encontrarse títulos que encaran el conflicto con una mirada más abarcativa: es el caso de 1982 , de Juan Bautista Yofre (Sudamericana, $ 109) que analiza documentos reservados del proceso en busca de cambiar la perspectiva que hasta hoy se tenía de la guerra.


En esa misma línea puede encontrarse la nueva edición actualizada de Malvinas, la trama secreta(Sudamericana, $ 139), de Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy, un voluminoso libro que fuera publicado por primera vez en 1983.

"Entre novedades y reediciones deben haber por lo menos diez títulos. Pero son tres los que siempre se han mantenido más allá de las fechas: Iluminados por el Fuego , de Edgardo Esteban;Malvinas, la trama secreta ; y Los Pichiciegos , de Rodolfo Fogwill, que se vende siempre y es una obra muy leída en las escuelas", comentó a LA NACION Noemí Bank, encargada desde hace 36 años de la Librería Santa Fe, situada sobre esa avenida, a metros de Azcuénaga.

En ese local, los libros sobre Malvinas ya ocupan la mitad de una de las dos mesas con ensayos. Entre ellos, se encuentra Lágrimas de hielo , de la periodista Natasha Niebieskikwiat (Norma, $ 89), sobre las torturas y violaciones a los derechos humanos en la Guerra de Malvinas. Torturas, estaqueos, maltratos, abandono de persona y hambre, testimonios desgarradores que revelan que el enemigo no siempre estuvo en el bando contrario.

Otra de las novedades es Malvinas, los vuelos secretos , del periodista Gonzalo Sánchez (Planeta, $ 79), que cuenta la historia de siete pilotos de Aerolíneas Argentinas que recibieron una convocatoria por parte del gobierno militar con el objetivo de transportar armas. Dos vuelos a Tel Aviv, cuatro a Trípoli y uno a Ciudad del Cabo.

También editado este año, Los rabinos de Malvinas , de Hernán Dobry (Vergara, $ 85) saca a la luz la historia de los cinco religiosos que fueron enviados como capellanes para prestarles asistencia espiritual a los soldados judíos desplegados en la Patagonia y en las islas.

Pero también un veterano de guerra escribió un libro para el trigésimo aniversario de la guerra con Gran Bretaña. Fue Lautaro Jiménez Corbalán que en Malvinas, en primera línea (Edivern, $ 98) describe las vivencias y anécdotas de los integrantes del Regimiento de Infantería 4 como un reconocimiento a los jóvenes que defendieron a la patria en Malvinas.

Otro de los libros que fue reeditado para esta fecha es Señales de Guerra , del historiador Lawrence Freedman y Virginia Gamba (El Ateneo, $ 129), que analiza e interpreta los hechos y los mensajes que llevaron a la escalada bélica y diplomática en el Atlántico Sur.

Según Noemí Bank, el público que en general compra libros de Malvinas no suele ser demasiado joven sino más bien de 40 años para arriba, lo cual encierra una lógica con la fecha de la guerra: son personas que en ese momento tenían más de diez años.

" Malvinas, la ilusión y la pérdida , de Silvia Plager, una novela que mezcla lo histórico con lo romántico, siempre fue bien recibido por el público femenino", afirma. Y cuenta que hace unos 20 días, en la mesa de recomendados, eran todos libros sobre el kirchnerismo. Ahora, que los de Malvinas sigan allí, dependerá de las ventas y las novedades de abril.

martes, 20 de marzo de 2012

Una argentina ganó el "Nobel de la literatura infantil"

En la Feria de Bolonia, María Teresa Andruetto se quedó con el premio Hans Christian Andersen, que se entrega cada dos años al conjunto de la obra del género. También premiaron a la fundación de Mempo Giardinelli.


La escritora argentina María Teresa Andruetto ganó el premio Hans Christian Andersen, el galardón más importante de la literatura infantil y juvenil que elInternational Board on Books for Young People (IBBY) entrega cada dos años en la Feria del Libro Infantil de Bolonia. Según informó la editorial Random House Mondadori en Buenos Aires, Andruetto fue premiada el lunes 19 de marzo por el conjunto de su obra como la mejor escritora de literatura infantil y juvenil.

María Teresa Andruetto nació en la provincia de Córdoba. Los ejes de su obra giran principalmente en torno a la construcción de la identidad individual y social, las secuelas de la dictadura en su país y el universo femenino. Desde hace más de treinta años trabaja en el campo de la literatura infantil, trabajó en la formación de maestros y ha fundado diversos centros de estudio y revistas especializadas, además de dirigir colecciones literarias y participar en planes de lectura.

Su obra ha servido de inspiración para la creación de otros cortometrajes, espectáculos poético-musicales, coreografías, espectáculos de narración oral escénica, adaptaciones teatrales, entre otros. A lo largo de su trayectoria, ha obtenido los premios Luis de Tejeda (1993) y Fondo Nacional de las Artes (2002). En 2011 resultó finalista del Premio Rómulo Gallegos con su novela Lengua Madre.

Entre los galardonados con este premio se encuentran la escritora brasileña Ana María Machado (2000), la neozelandesa Margaret Mahy (2006) y el inglés David Almond (2010).

En tanto, la Fundación Mempo Giardinelli del periodista y escritor argentino de mismo nombre y la fundación SIPAR de Camboya fueron galardonadas con el premio IBBY-Asahi de Promoción de la Lectura, según indicó la fundación premiada con sede en la ciudad de Chaco, en el norte de Argentina. Esta fundación fue distinguida por su programa "Abuelas Cuentacuentos", mediante el cual los más ancianos son alentados a leerle a los niños, de modo de promover la lectura sobre todo en las regiones más pobres del país. La empresa de periódicos Asahi Shimbun patrocina el Premio, que se otorga cada dos años a dos instituciones cuyas actividades sean juzgadas como contribuciones especiales a los programas de promoción de lectura para niños y jóvenes.



Luisa Valenzuela: “Es muy fácil ser funcional al enemigo”

Con la publicación de “Cuidado con el tigre” rescató una novela que había escrito hace más de 40 años. Dice que la guardó porque temió ser mal interpretada y que, ahora, no fue ella la que maduró, sino sus lectores y lectoras.

POR HORACIO BILBAO - hbilbao@clarin.com


Se parece a Perón. Eso opina Luisa Valenzuela de su última adquisición, una máscara de madera que trajo del carnaval de Cerdeña, del que acaba de llegar. Ya le buscará lugar en su colección de máscaras, que asoman de a decenas en las paredes de su estudio. Pero ahora sirve un té y muestra una edición exquisita de su libroABC de las microfábulas, con ilustraciones de Rufino de Mingo (es de España, aquí salió una versión con dibujos de Lorenzo Amengual). Son ejemplares numerados, firmados, libros para bibliófilos, hechos a mano en tiempos del e-book. El ABC… ilustrado es un lujo en su carrera. En cambio, Cuidado con el tigre (Seix Barral), el libro que nos convoca, es para Valenzuela una necesidad. Dice que esta obra le permite cerrar el mapa de su escritura (no le crean, ya está inmersa en un nuevo trabajo). Quizá su afirmación se entienda en el postfacio de este libro demorado, que narra las internas de una incipiente organización izquierdista en tiempos del onganiato. Escribe Valenzuela que postergó su publicación 40 años porque temió ser mal interpretada. Es que allí, sus personajes viven el sueño de la revolución como un juego, en el que sexo, poder y humor, pesan más que política e ideología. A diferencia de otras de sus novelas, como Cola de lagartija, aquí la experiencia militante aparece banalizada, mostrando la cotidianeidad de unos grupos que lanzan consignas altisonantes mientras transitan vidas triviales. Valenzuela dice que se puso a pensar en su obra como en una fruta que fabricó hace muchos años pero que recién ahora maduró para el consumo.

La metáfora de la maduración muestra tu interés por el contexto y el lector a la hora de publicar distanciado del proceso de escritura…

En el momento de escribir no pienso en el lector pienso en la obra en sí, en lo que está sucediendo en sorprenderme a mí misma y en encontrar algo que no ha sido dicho o percibido por mí antes. Después, lo que sentí al haber escrito esa novela es que iba a ser mal interpretada. Entonces creo que la que maduró no fui yo, sino el lector o la lectora. Cambió la posición ante una situación política. Es una novela política y lo que sucede es que ahora se puede leer desde otro lado.

¿A vos también se te puede ver desde otro lado?

No se me pueden reprochar ciertas cosas porque ya hay una carga, unos antecedentes en mi escritura. Estoy entre los pocos escritores y escritoras que durante la dictadura militar escribían contra la dictadura. Eso imposibilita juicios como decir que esto va en contra de la izquierda o de ciertos ideales que yo defendí. En aquel momento yo era crítica de lo que estaba pasando, sólo que no era el momento para decirlo.

¿Tenías miedo de volverte funcional a un grupo que estaba en tus antípodas?

Sí, hubiera sido funcional al enemigo. Es muy fácil ser funcional al enemigo. Sobre todo cuando el enemigo es astuto y sabés que va a aprovechar tus recovecos y dudas para echártelo en cara.

Pero pasó mucho tiempo, intuyo que esperaste un momento en el que te sintieras cómoda…

Es cierto, me siento cómoda.

El libro aparece como un retrato de la banalización de la experiencia política, de la vida política de algunos grupos sesentistas…

Bueno, sí. Es un retrato de la posibilidad de que la experiencia política pueda ser banalizada. Y es un retrato de las ansias de poder, de la política como juego. Frente al peligro inminente, si estos actores no juegan, no hacen maniobras y movimientos de gran valentía.

Esa muestra de cotidianeidad, humanizar la experiencia política a través de lo doméstico, es algo que se ve mucho últimamente. ¿No hay un riesgo de banalizar estas experiencias?

No le tengo miedo a la banalización. Sino creeríamos en los héroes como seres puros. Esta es gente que está viva, que discute sus pasiones, sus amores, sus vidas cotidianas. Es una necesidad muy nuestra la de creer en la pureza impecable de la gente que admiramos. Por suerte nadie es impecable. Tenemos toda clase de dobleces y de trasfondos. Me parece mucho más rico ver las cosas desde todos los ángulos que pensar el ideal. ¿Qué son? ¿Ángeles? ¿Diablos? No.

Lo escribiste siendo joven en un tiempo en el que la juventud estaba atravesada por la Revolución cubana, la muerte del Che, el mayo francés…

Ríe. No digamos cuántos años, pero sí, era un momento histórico en el que se olía que iba a pasar algo. Y de alguna manera me siento orgullosa de haberlo olido.

Cómo ves la relación de las juventudes actuales con esa vida política que lo atravesaba todo…

Mucho más diluida. Pero al mismo tiempo, tengo la sensación de que hay una conciencia más clara, más realista. Aquello funcionaba con un sueño. Ay, parece un título de Tinelli. (risas). Pero si el sueño no te moviliza qué lo va a hacer.

Hoy es difícil que lo haga la ideología, hay una gran confusión…

Es cierto. Pero sí hay una conciencia política. Los argentinos hemos conseguido creer que podemos actuar políticamente con el cuerpo. Poner el cuerpo. 2001 nos enseñó eso. Podemos modificar las cosas, podemos salir y pelearla.

Esa tensión que existe entre estos jóvenes triviales y la solidez ideológica que requiere la empresa que se proponen, o la que existe entre sus consignas altisonantes y su accionar mezquino, refleja tu opinión de lo que se estaba gestando en ese momento.

No necesariamente. Yo pinté a este grupo, pero al mismo tiempo digo que hay otros grupos que actúan seriamente. La novela no deja pasar ese punto. Ahora con el tiempo me doy cuenta de que allí empezó ese cuestionamiento que siempre me he hecho sobre el tema del poder. Me interesa mucho ese juego brutal, mentiroso, manipulador, fantástico. Por eso escribo Cola de lagartija que es la historia secreta de López Rega, escriboCambio de armas con las torturas de la dictadura. Estoy buscando una comprensión de ese motor infernal que son las ansias locas de poder, de un poder casi mesiánico.

Te reís un poco de esos movimientos, hablás de los Uturuncos, otro grupo fracasado…

Se creían dioses y no eran nada. Yo los veía actuar y me causaban gracia. Pero también me sentía fuera de todos los movimientos más sólidos. Y un poco desamparada. Pero a ese desamparo lo busco, me interesa estar en el margen. Me permite ver las cosas de diversos ángulos, contar secretos, lo que no se dice detrás de las verdades supuestas.

En la novela es evidente que estos jóvenes van a tener problemas para construir ese poder que tanto buscan…

De hecho, desgraciadamente los tuvieron. Ellos y los que estaban mejor armados. Conocí a grupos más sólidos, pero me interesaron estos, que estaban en ese margen.

En lo que no sos irónica es en la utilización del sexo para la construcción del poder…

No es nada irónico. Es algo absolutamente irrevocable. Siempre está, de una manera u otra.

Una de las protagonistas critica varias veces el autoengaño como motor ciego de construcción, ¿es algo que te preocupa?

Fue un motor muy argentino durante muchos años. El autoengaño y la expresión de de deseo. La promesa. Una de las razones que me animó a publicar la novela es que siento que ha cambiado el target de la política. La gente ya no cree las mentiras. El juego es otro, puede que tenga connotaciones perversas, pero no es aquél en el que tiraban zanahorias y la gente avanzaba tras zanahorias improbables.

Por momentos tus personajes se acomodan más al estereotipo de las juventudes de hoy…

Pero estos son unos jóvenes más inconsecuentes, quieren todo ya y sin trabajo, aquellos otros tenían la ambición de cambiar el mundo. Es interesante. Es mucho más interesante tener la ambición de cambiar el mundo que decir bueno, agarro este mundo que está cambiando y lo disfruto. Al mismo tiempo, me parece más sano agarrar este mundo que está cambiando y disfrutarlo que intentar cambiarlo desde una zona poco coherente.

¿Te autoimpusiste ser escritora en algún momento?

No sólo no me lo autoimpuse sino que traté de evitarlo. Porque sabía lo que era. Lo viví mucho porque mi madre era escritora, estaba Borges en casa, Nale Roxlo, Sabato, Mallea, y otros tantos. Me parecían muy interesantes mentalmente, pero su vida me parecía un plomo sideral. Yo quería ser aventurera, ir al Amazonas, qué, me iba a sentar a escribir. No. Yo sigo siendo aventurera.

Después descubrí esa cosa tremenda que la escritura es una aventura. Caí en la trampa. No me lo autoimpuse, caí en la trampa.


¿Y sufriste esa indefinición partidaria que te mantuvo al margen de todo movimiento, siendo que ideológicamente decías tener las cosas claras?

Sufrí en la medida en que recibía los ataques de la derecha y de la izquierda. Pero es mi lugar. Trabajaba con La Nación y Crisis. Estaba con los de Crisis pero me ganaba el pan en La Nación. Pero mi lugar en el mundo es la frontera. Y mi mundo es muy complejo. Tengo mi ideología clara, pero no se la quiero imponer a mi literatura. Trato de dejar que las cosas fluyan y permitirle al lector o la lectora que derive un significado de eso. Pero yo no tengo nada que imponerle porque no lo sé. En eso he sido fiel.