sábado, 28 de diciembre de 2013

Radiografía crítica del poder kirchnerista

Investigación. “La Dueña”, de Miguel y Nicolás Wiñazki, es un retrato riguroso sobre los negocios y la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.




Esa mujer dejó jirones de su vida en el poder. Y murió a los 33 años. Esta mujer quedó viuda repentinamente y afronta la soledad del poder. No volverá convertida en millones como Esa mujer, que sí volvió y se convirtió en los millones que se elevaron junto con su mito. Esta mujer es la de los millones de billetes, de una nueva patria financiera encubierta bajo falsas palabras de justicia. Esta mujer es la Dueña y tiene un inmenso poder”.
El párrafo es de La Dueña. Historia oculta de los negocios secretos, los vínculos personales y la salud de la mujer más poderosa, más amada y más odiada de la Argentina, acaso la investigación periodística más exhaustiva y completa sobre los escándalos que envuelven a Cristina Fernández de Kirchner y a un grupo de funcionarios y empresarios que la rodean. El trabajo es de los periodistas Miguel y Nicolás Wiñazki. El primero es el padre y el segundo es el hijo, por lo que ambos comparten la poco común aventura autoral. “Wiñazki hijo investiga y Wiñazki padre reflexiona. La ruta del dinero K contada por dos generaciones del mejor periodismo: Máximo, Boudou y también Cristina, preocupada por las diferencias entre Chanel y Ferragamo.


"La Dueña no es un libro. Es una bomba”, arriesga desde la contratapa Jorge Lanata. Como suele ocurrir en estos casos, este trabajo es algo más que un perfil, una biografía política o una indagación psicológica sobre un personaje empeñado a toda costa en no eclipsarse como figura trascendente. Es, también, una radiografía crítica del poder durante la era kirchnerista, un espejo de lo que nos pasa, de lo que supimos conseguir o no pudimos impedir en estos años de vida democrática.
Enfatizan los autores que desde 2003 hasta que murió, Kirchner y esta mujer tomaron por su cuenta la suma del patrimonio del Estado, distribuyeron entre sus amigos el negocio de la obra pública, el petróleo, la caja del transporte público, penetraron el centro de decisiones de los bancos públicos y privados y entregaron a otros amigos el negocio del juego. Irrumpieron en los medios para golpear a Clarín, enriquecer a sus aliados y dominar el 80% de la información nacional. También se adueñaron de los fondos de las AFJP y de las nacionalizadas YPF, Correo, Aguas Argentinas y Aerolíneas. Ya sola, CFK extremó el control de los jueces federales, hizo del Parlamento una escribanía del FPV, aumentó desde el INDEC la manipulación de los datos de inflación y pobreza e hizo de la AFIP una agencia de protección para los amigos en sus negocios, y de persecución para medios, periodistas, cineastas, sindicalistas y empresarios díscolos.
Dos pilares de este trabajo –con peso específico en la última derrota electoral– son la ruta y lavado del dinero K y el escándalo Ciccone. Si bien mucho se ha difundido en diversos medios, esos temas aparecen aquí completados y a modo de dossier por uno de sus primeros investigadores. Tampoco falta el abordaje del vínculo real entre Cristina y su vice. Y resultan sorpresivos los datos biográficos y de Máximo: surgido de la oscuridad a partir de la muerte de su padre, encontró un lugar en la política secreta y un arma de protección, tanto para él como para su madre, en el uso del silencio. Hoy los autores vislumbran en él al “nuevo dueño”.
El texto revela los alcances de la propaganda K, donde ni el derrumbe electoral ni la enfermedad modificaron la manía por “editar” la realidad, por más que el modelo parezca disolverse y su relato luzca cascoteado. También están los intelectuales de baja intensidad, el puñado de blancas cabezas setentistas de Carta Abierta, utilizado para encubrir la corrupción oficial, cuyo pensamiento crítico y honestidad intelectual dejó consagrado Ricardo Forster con su “ Yo qué carajo sé cómo hizo el dinero Lázaro Báez”. Con todo, el muy hermético Horacio González, director de la Biblioteca, tiene un capítulo de su puño y letra, porque “hubiera sido injusto que no hubiese una voz cristinista en el texto”, dicen los autores.
Otro abordaje interesante se refiere a la resurrección política y personal de la Presidenta, catapultada desde el lecho de muerte de su esposo. Hitos decisivos en la formación de su carácter –la soledad, el maltrato, la fragilidad, la enfermedad– son analizados con rigor para desentrañar una personalidad tan enigmática como inquietante, especialmente ante pruebas de fuego como la masacre de Once, con su demorado e inexplicable “vamos por todo”.
Pero lo interesante es la simulación, dicen los autores. Cristina fue lo más diferente de sí misma que alguien pudiera imaginarse. Y agregan: su trasmutación de socialdemócrata retórica en líder brusca y personalista revela quizá el rasgo central de su personalidad. Antes del poder sabía mostrar su lado luminoso. Ya en el poder exhibió su lado más oscuro. La cita de Elisabeth Roudinesco remite a “un caso de perversión”. “Es algo más profundo y grave que la demagogia. Es más que cinismo –concluyen–, es una característica que no sólo remite a Cristina sino a la sociedad toda”.

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