viernes, 20 de diciembre de 2013

LA SELECCION DE LOS ESCRITORES- LOS LIBROS DEL 2013


ELIGEN LOS ESCRITORES

  • Tamara Kamenszain
    Más allá de los géneros
    La novela de Lacan. Jorge Baños Orellana
    (El Cuenco de Plata)
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella (Mansalva)
    Subrayados. María Moreno (Mardulce)
    Me gusta de los tres que no quieren ser novelas. Desde la ironía del título y para urdir el relato que lleva del psiquiatra al psicoanalista, La novela de Lacan se desmiente como biografía y como ensayo. En Mi libro enterrado el autor, al autodefinirse hijo, muestra que descree de los mundos novelados. Y en Subrayados me quedo con las lecturas que el personaje María Moreno vuelve ficción.
  • Matías Capelli
    Las palabras y las cosas
    Cuadernos de lengua y literatura V, VI y VII. Mario Ortiz (Eterna Cadencia). Sea en prosa o en verso, los sucesivos cuadernos del escritor bahiense sedimentan una exploración del filamento que une las palabras con las cosas.
    Intercambios sobre una organización. Violeta Kesselman (Blatt & Ríos). Kesselman escribió cada frase de su primer libro con el mismo rigor y compromiso con el que los jóvenes protagonistas de sus cuentos se cuestionan qué hacer y cómo llevarlo a cabo.ß Modo linterna. Sergio Chejfec (Entropía). Como un Sebald porteño y expatriado, los relatos documentales de Chejfec lo revelan menos moroso que en sus novelas, más condensado.
  • Liliana Heker
    La alquimia de la escritura
    Encuentro con Munch. Sylvia Iparraguirre. La aventura del viaje, el humor, la extraña alquimia de la escritura, ciertos deslumbramientos, se van cruzando con sabiduría en este libro, especie única en nuestra literatura, conmovedoramente bello.
    Hacia la boda. John Berger (Alfaguara). Es una reedición. Una se sumerge en sus páginas como en una música y paso a paso va descubriendo que -como casi toda la obra de su enorme autor- esta novela, luminosa y poética, está construida, simplemente, con el barro común de nuestro tiempo.
    Laura (Vida y militancia de Laura Carlotto). María Eugenia Ludueña (Planeta). Estructurado como un testimonio polifónico, este libro, entrañable y objetivo a la vez, recrea como pocos el espíritu de los años setenta, la vida cotidiana y la militancia de tantos jóvenes que vivieron y murieron por el sueño de un mundo más justo.
  • Griselda Gambaro
    Un libro sobre el holocausto
    Necrópolis. Boris Pahor (Anagrama). Es el libro más conmovedor que leí sobre el holocausto. Cuenta el horror con una prosa simple y desgarradora.
    Un día cualquiera. Hebe Uhart (Alfaguara). Por el encanto de una escritura que descubre la esencia de las pequeñas cosas
    El síndrome de Elsinore (Desde la gente). Alberto Catena pregunta con sagacidad y Eduardo Rinesi contesta con la misma sagacidad y cierta gracia desacralizadora sobre temas filosóficos, sociales y políticos
  • Elvio Gandolfo
    Crónicas marcianas
    Modo linterna. Sergio Chejfec (Entropía). Cuentos precisos, obsesivos por momentos. Renueva los relatos sobre escritores y coloquios. Memorable búsqueda de la tumba de Saer en París.
    El gran surubí. Pedro Mairal (Orsai). Circuló en revista, y ahora en libro lujoso. Novela en sonetos, logra romper temores de despiste, en un mundo duro, salvaje, perverso, con final magistral.
    Visto y oído. Hebe Uhart (Adriana Hidalgo). El mejor libro de viajes de Uhart. Liberada de los topes de las revistas o suplementos, circula por Paraguay, Tandil y otros lugares, con mirada marciana.
  • Edgardo Cozarinsky
    Moreno, Piglia y Markson
    Subrayados. María Moreno (Mardulce)
    El camino de Ida. Ricardo Piglia (Anagrama)
    Esto no es una novela. David Markson (La Bestia Equilátera)
  • Gustavo Ferreyra
    Obras que irrumpen
    El bien. Jorge Consiglio (Edhasa)
    Lumbre. Hernán Ronsino (Eterna Cadencia)
    Polígono Buenos Aires. Marcos Herrera (Edhasa).
    Elijo novelas que amplían los horizontes de tres obras que vienen irrumpiendo (como ocurre en la literatura argentina, sin irrumpir en realidad) en la última década (El bien, de hecho, es una reedición). Son obras que trabajan como placas tectónicas los subsuelos de la narrativa, cuyos movimientos ya resquebrajan la superficie y empiezan a generar curiosidad.
  • María Rosa Lojo
    Novelas argentinas
    El pájaro de hueso. María Carman (Mondadori)
    El relato bucea en la memoria oculta y negada de la nación cruzando la historia de dos gemelos (uno de los cuales fue apropiado en un secuestro durante la última dictadura), con la cultura qom: otro cuerpo extraño y paralelo, no reconocido en el imaginario oficial; algo del Eisejuaz de Sara Gallardo reverbera en la poesía trágica de este libro también singular.
    La palabra. Pablo Urbanyi (Catálogos)
    Es una novela implacable y melancólica, con un intrincado tejido de voces, testigos y relatores, que ofrece un ácido balance de la cultura occidental y sus parámetros de consumo y triunfalismo, a través de la vida y muerte de su protagonista, un profesor argentino exiliado en el "Primer Mundo".
    Tratado sobre las manos. Miguel Vitagliano (Eterna Cadencia).
    Se basa en una idea de gran potencia: que la verdadera obra de un crítico/lector puede estar dispersa en las notas escritas en los libros de su biblioteca. Nada complaciente con la figura del académico y sus vanidades, Vitagliano crea un gran personaje: Lidia, viuda del maestro, que recoge con una mezcla de ironía y veneración los tesoros olvidados en los márgenes.
  • María Sonia Cristoff
    Lectura adictiva
    Subrayados. María Moreno (Mardulce). Una experiencia infrecuente en estos ensayos literarios, en los cuales la agudeza avanza y deja al borde del camino, derrotados, a los habituales contrincantes del pensamiento crítico: las genuflexiones bibliográficas, la seriedad mal entendida, el podio verticalista. ¿Algunas de las armas de María Moreno? Mucha lectura caprichosa, gran sentido del humor, inteligencia indómita.
    Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin (Sexto Piso). Un fenómeno paranormal -Chatwin nos manda, póstuma, una autobiografía epistolar- y, a partir de ahí, al menos dos efectos: una suerte de reencuentro amoroso para los que ya lo conocemos y, para los que no, la oportunidad de entrar en contacto con un escritor deslumbrante.
    Esto no es una novela. David Markson (La Bestia Equilátera). Segunda dosis de una lectura adictiva que ya había empezado con La soledad del lector y que nos arroja al centro de una prosa en la que lo documental convive con lo autobiográfico y lo ficcional sin por eso derivar en ninguno de los tics del eclecticismo. Una prosa que ejerce una fascinación de orden musical: eso que queremos volver a escuchar.
  • Sylvia Saítta
    Trayectorias intelectuales y artísticas 
    Plano americano. Leila Guerriero (Universidad Diego Portales). Creo que los textos que integran el libro de Leila Guerriero, imposibles de definir desde el punto de vista genérico -¿son entrevistas, crónicas, biografías, conversaciones, ensayos?-, representan lo mejor del periodismo argentino. Plano americano diseña trayectorias intelectuales y artísticas; capta la voz del que narra su propia vida; lee en los detalles los grandes trazos de una biografía.
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella (Mansalva). Contar la muerte del padre no es un desafío menor: la literatura la narró innumerables veces; el lamento y la exhibición de los sentimientos la asedian, la invalidan, a veces, la impiden Creo que Libertella logra encontrar, en el estallido de la voz del padre, una voz, la propia, un nombre y una literatura.
    Letras gauchas. Julio Schvartzman (Eterna Cadencia).Libro esperado durante años, Letras gauchas propone una lectura renovada de la gauchesca como una de las grandes tradiciones de la literatura nacional pero en diálogo con la literatura universal. Entre la oralidad y la escritura del género, en el fraseo de un verso y sus reescrituras en el siglo veinte, el autor encuentra en la polémica su propio modo de intervención crítica.
  • Lucía Puenzo
    Conciso y misterioso
    Mi libro enterrado. Mauro Libertella. (Mansalva). Porque es claro, conciso y agudo, a la vez que misterioso, aún hablando de la muerte de su padre.
    En el bosque del sonambulismo sexual. Sergio Bizzio (Mansalva)
    Porque hizo algo distinto de todo lo conocido: la literatura como juego, como cuando éramos chicos, no adultos profesionales.
  • No hay comentarios.: