miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuando la soledad es dichosa

Por Laura Ramos | Para LA NACION

No hay manera más plena de vivir una ciudad que apartándose de ella. Porque la soledad en la ciudad, si se transita con un libro -una categoría apócrifa de la misantropía, podría no ser más que una forma de la felicidad.

Los días de Buenos Aires nunca alcanzaron tanta intensidad dramática para mí como cuando leía novelas en un bar ruinoso llamado Niza. Las circunstancias que interrumpían mi retraimiento, como el sonido del ventilador, un murmullo de las ancianas vecinas de mesa, el olor del café, los ladridos de un perro callejero, todo lo que desdeñaba porque me apartaba de mi soledad en realidad formaba parte, más que el libro mismo, de la experiencia de lectura.

El instante casi místico de la escena, el encendido de las luces del bar, es decir, la irrupción de la ciudad en mi ensimismamiento delataba menos la llegada de la noche que el fragmento de vida que la lectura parecía haberme sustraído. Pero el verdadero solitario sabe que no hubo momento más pleno que aquel en que creyó dejar de vivir mientras leía, y que los pequeños hechos inoportunos dejaron una huella de dicha aún más profunda que los libros.

Los solitarios saben, por haberlo leído, que esas obras se convierten luego en los mapas íntimos de su vida, y que sus capítulos describen tanto la topografía que los rodeaba como el deleite que sentían al leer en soledad.

Y es que Rosaura, Funes o la Maga van a seguir siendo inmortales, mientras que el bar Niza, demolido hace años, dejó de existir para siempre.

La autora es escritora. Su último libro es La niña guerrera

miércoles, 1 de febrero de 2012

Un policial para leer con lluvia

Por Silvia Hopenhayn | Para LA NACION

Dos personajes femeninos de una novela policial juvenil esperan bajo una lluvia torrencial que la culpable de un crimen dé la cara. O más bien, diga su verdadero nombre. Ellas son una adolescente perseverante y hacendosa, llamada Inés, y su cómplice y compañera, Amparito, jubilada del Rawson. Esperan bajo la lluvia que aparezca la encubridora de un cruento asesinato ocurrido a fines de los años 50.

Llueve también mientras estoy leyendo Octubre , un crimen , de Norma Huidobro (ahora en su novena reimpresión de Ediciones SM, Premio El Barco de Vapor 2004, en recomendación para mayores de 12 años). La lluvia que golpea mi ventana se mezcla con la tormenta de la trama. Ya no sé dónde llueve. Las gotas se deslizan por las páginas del libro haciendo un surco de ficción en mi realidad apacible. Sin duda se trata de una precipitación que anuncia un desenlace tormentoso.

Recuerdo de súbito la frase de Verlaine: " Il pleure dans mon coeur, comme il pleut sur la ville " ("Llora en mi corazón como llueve en la ciudad " ). El corazón en esta historia es el de la joven Elena, que supuestamente se tiró de la torre de su mansión luego de que su padre muriese de una enfermedad incurable.

Esta original y punzante novela juvenil es una ráfaga de frescura para el género policial. Pero también para el género femenino? ¡y hasta el género de un vestido! Más precisamente, de un dobladillo. Es la historia de un doblez que da cuenta de los dobleces de la historia. En efecto, la pista detonadora de la espontánea investigación que lleva a cabo la protagonista es una carta que se encuentra en el ruedo de un vestido floreado. Un vestido de los años 50.

La carta fue escrita por Elena e implora ayuda, advirtiendo la secuencia de crímenes venideros. El vestido llega al presente con la carta intacta. Inés se los llevará puestos (carta y vestido) para asistir casi obligada a una fiesta de disfraces de su repelente prima Ayelén.

Ella quería disfrazarse de una mujer de los años 50 y ese mismo afán la trasladaría a la época del vestido. Veamos qué ocurre: como le quedaba largo, al descoser el ruedo descubre la carta. La carta de una suicida encuentra una destinataria inesperada, 50 años más tarde.

La idea de la novela es original. Y está escrita con afecto y vertiginosidad. Da cuenta de cómo hace falta pasar por la experiencia a la hora de investigar, sin saber del todo lo que se está buscando, ya sea en una hemeroteca o en el lugar de los hechos. La atención depende en parte de la manera en que se tiene en cuenta a los demás. En este caso, la atención que brinda la protagonista a una joven extraviada en el pasado y a una jubilada que reclama justicia en el presente.

Porque ¿a quién está dirigida una carta de auxilio que no fue leída en el momento en que se lo solicitaba? ¿Qué mejor escondite -tan recónditamente femenino- que el dobladillo de un vestido que se descose como la historia misma?

No cabe duda: Octubre, un crimen es una gran novela de género. Y tengo la lluvia como testigo.

© La Nacion.

martes, 31 de enero de 2012

“En los tiempos muy duros, la biblioteca me mantuvo sana”

POR JULIÁN LÓPEZ

Es una de las autoras de habla inglesa más traducidas. En sus relatos, la pobreza, la infancia y la soledad.


31/01/12

A pesar de ser una de las escritoras de habla inglesa más traducidas de la actualidad, su literatura se lee en más de ocho lenguas, Claire Keegan nunca pensó en escribir. La autora de los libros de relatos Antártida , Recorre los campos azules y de la nouvelle Tres luces –todos publicados por la editorial argentina Eterna Cadencia–, nació en Irlanda en 1968, en el seno de una familia rural y su encuentro con la escritura fue casi un accidente. “Empecé a escribir”, dice, “cuando estaba desempleada y vivía con mi madre, me compré una máquina para tipiar las solicitudes de empleo y así, inesperadamente, apareció mi primer relato”.

Paradójicamente, Keegan llegó a España de la mano de la misma editorial que publicó su obra en la Argentina, Eterna Cadencia. La escritora suma una importante cantidad de premios, el Davy Byrnes Award y el Rooney Prize for Irish Literature entre otros, y su prosa cruda y contundente fue comparada nada menos que con las de las narradoras norteamericanas Carson MacCullers y Lorrie Moore. Además, cuenta con el padrinazgo de dos “pesos pesados” de la literatura universal, Haruki Murakami y Richard Ford.

Escritora al fin, no se molesta en crear un mito autorreferencial, ni se entretiene en respuestas complacientes que pongan al entrevistador en la comodidad de creerse muy despierto. “No, manifiesta rotundamente, no estoy buscando crear una visión sintética y poderosa de Irlanda y no creo que mis textos tengan esa mágica aridez a la que se refiere, eso corresponde a su lectura. Yo estoy mucho más interesada en preguntarme qué significa estar viva en un momento determinado”. Sobre la soledad –otra cuestión que al entrevistador le pareció particular en los textos de Keegan– respondió: “Una gran, enorme parte de la literatura se trata de si es posible o no comunicarse con un otro. Podría decir que una buena historia es un retrato de la manera en que lidiamos con eso y me río cuando la gente dice que mis cuentos son oscuros; no conozco a nadie que piense que la vida es fácil”.

Infancia y pobreza parecen los motores de sus relatos. ¿Hay en eso una intención de plantear su propia literatura, una literatura irlandesa? No sé cómo responder a eso… Usted parece sorprendido de que la infancia pueda ser el motor de una historia pero todos fuimos chicos durante 12 años y ése período está lleno de historias. ¿Por qué la literatura no saldría de ahí? Chéjov, Tolstoi, Hardy, Joyce, Elliot, han escrito muchísimo acerca de la soledad, la infancia y la pobreza. Yo no estoy haciendo nada nuevo, simplemente busco, con gran dificultad, voces frescas para eso que es tan viejo como la naturaleza humana.

La mayoría de sus relatos están sostenidos por lo que no dicen y por sus finales muchas veces sorprendentes. ¿Vale más el procedimiento de escritura que la misma historia? No, yo escribo cuentos, no trato de establecer procedimientos de escritura. Escribo sobre cómo se siente vivir con un caudal de deseos y necesidades que nunca será totalmente satisfecho, eso genera problemas y muchas veces daño: mucha gente en Irlanda no está en condiciones de proteger a los suyos por el elevadísimo costo de las propiedades y las hipotecas. Quizá lo que nos enseñó el fracaso del boom irlandés es que, de verdad, suficiente es suficiente.

Keegan se confiesa amante de Antón Chéjov. “Es el autor con quien mantengo mi relación más cercana, lo admiro inmensamente”, dice, pero toma distancia del ambiente literario. “Además de escribir, enseño literatura y leo los trabajos de mis alumnos, atiendo las consultas de mis traductores y desde que salió Recorre los campos azules ya visité veinte países. Cuando me queda un minuto quiero irme lejos y para mí es más interesante hablar con un pescador que con un escritor”.

Parece mucha actividad literaria para alguien que no pensaba ser escritora.

Es verdad que no estaba en mis planes, no tenía ningún tipo de ambiciones en ese sentido y probablemente eso resulte mejor para la escritura. Con esa máquina de escribir que le conté llené 300 solicitudes de empleo que fueron respondidas con 300 cartas de rechazo. Ahora creo que fue una suerte, pero fue un tiempo muy duro y la biblioteca fue lo que me mantuvo sana.

Sin embargo, su voz parece haber estado lista para hacerse oír, clara y sólida.

Bueno, eso es un gran halago y me alegra, pero a mí nunca me resultó fácil escribir, ni confiar en quienes dicen eso.


lunes, 30 de enero de 2012

La marca de agua de Bauman

En dos nuevos libros, el celebrado sociólogo polaco aplica exhaustivamente, sin temor a repetirse, su concepto de "modernidad líquida" a diversos aspectos de la actualidad

Por Gustavo Santiago | Para LA NACION



La presencia de Zygmunt Bauman en las librerías argentinas ha crecido de modo exponencial en los últimos tiempos. Hace tan sólo diez años, se podía encontrar tres o cuatro títulos; en 2006, el número se acercaba a la veintena. Hoy, cualquier librería especializada en ciencias sociales tiene más de treinta. ¿En qué se sostiene este éxito?

En primer lugar, podría decirse que el sociólogo polaco radicado en Inglaterra es uno de los intelectuales más capaces para realizar una lectura precisa del presente. La categoría de "lo líquido", que acuñó para describir la actualidad, ha mostrado ser tan certera como fructífera. Ella le ha permitido rendir cuenta tanto de cuestiones económicas como políticas; tomar ejemplos de la literatura tanto como de la vida cotidiana; aplicarla al cine de igual modo que a las noticias periodísticas. El amor, el tiempo, la identidad, el miedo, la vida se han vuelto líquidos. Todo se desplaza de un lado a otro antes de echar raíces; no hay suelo firme bajo nuestros pies ni anhelo por construirlo. Ése es el mundo líquido que Bauman conoce mejor que nadie y que se esmera en presentarnos mediante su prolífica labor de escritor y conferencista.

En segundo lugar, Bauman es un notable ensayista. Su principal virtud es la claridad. A diferencia de lo que sucede con muchos intelectuales contemporáneos, sus lectores no se encuentran con una jerga cerrada o excluyente. Si bien es cierto que ha creado cierta cantidad de conceptos específicos, no pierde la oportunidad en sus textos de aclarar su uso y siempre tiene a mano un ejemplo preciso para ilustrarlos.

Finalmente, el pensador polaco conoce al lector actual. Es un "lector líquido", de atención dispersa, breve; alguien que se siente abrumado frente a un número voluminoso de páginas o ante un argumento extenso y complejo. No busca profundizar los temas que toca, sino desplazarse en ellos con agilidad, pasando de un tema a otro. Es un lector que se resiste a la relectura, a rumiar cada palabra, al subrayado. Y eso es lo que le ofrece en sus textos. La lectura de Bauman siempre es placentera; aun cuando trate las cuestiones más acuciantes como la marginalidad de gran parte de la población mundial o el inminente fin de la vida en el planeta por un exceso de consumo que quintuplica las posibilidades de abastecimiento de la Tierra.

Dos de los últimos libros aparecidos en español dan muestras de estas capacidades. Se trata de Daños colaterales y 44 cartas desde el mundo líquido .

Daños colaterales se compone de once ensayos elaborados a partir de conferencias dictadas por Bauman en los que el tema predominante es la desigualdad socioeconómica actual. La idea del "daño colateral" proviene del lenguaje militar: ante la presencia de un objetivo que se considera justificable, los perjuicios a inocentes son minimizados. Esto mismo sucede, según el autor, con cualquier medida económica o política tomada en el mundo global, con la particularidad de que las víctimas colaterales son siempre los marginales del sistema. Incluso en los casos de catástrofes naturales el esquema es el mismo. Tomando como ejemplo el huracán Katrina, Bauman señala que "las víctimas más golpeadas por la catástrofe natural fueron quienes ya eran desechos de clase y residuos de la modernización". El huracán, como fenómeno natural, no distingue entre ricos y pobres; blancos, latinos o negros. Pero mientras que las personas con mayores recursos tenían los bienes asegurados y contaban con posibilidades reales de abandonar el lugar, los pobres se vieron condenados a quedarse a intentar salvar las pocas -pero irreemplazables- posesiones, fruto del trabajo de toda una vida.

La desigualdad se agrava en la actualidad, según Bauman, por la decadencia del "Estado de Bienestar" y la consecuente privatización de la vida. Siguiendo a Ulrich Beck, en varios artículos del libro indica que "la privatización traslada la monumental tarea de lidiar con los problemas socialmente causados hacia los hombros de mujeres y hombres individuales". Los políticos tienden a asociar la desigualdad con la inseguridad y, ya que no poseen los medios o el interés en ocuparse de la primera, aparentan ocuparse de la segunda. Durante las campañas prometen medidas drásticas y eficaces, cuando están en el gobierno seleccionan grupos representativos del temor de los ciudadanos acomodados, realizan espectaculares redadas... pero las cifras delictivas se mantienen casi intactas y la desigualdad socioeconómica continúa acrecentándose. En otros de los textos Bauman recorre algunos de sus temas habituales: la posibilidad de una ética en la sociedad de consumo, la invasión del espacio público por la vida privada.

En 44 cartas desde el mundo líquido , Bauman hace gala de su capacidad de síntesis. En textos que en su mayor parte no superan las cuatro páginas, el autor aplica su grilla conceptual a numerosos temas de actualidad; entre ellos: la soledad, el sexo virtual, el consumismo adolescente, la moda, los miedos, la maldad. Si habitualmente los textos de Bauman resultan de fácil acceso, éste es decididamente un libro para leer en la playa, en el subte o para abrir al azar y leer unas páginas antes de dormir. Son textos provocativos, incisivos en la medida en que es posible serlo en cuatro páginas.

En diversos textos se encarga Bauman de señalar que lo que caracteriza a esta sociedad no es sólo la cantidad de objetos que se consumen, sino el hecho de que los sujetos mismos, para cobrar existencia, necesitan convertirse en objetos de consumo para los demás. Y esto es algo que Bauman hace a la perfección. Al menos, si las cifras de ventas y la cantidad de títulos publicados son los únicos parámetros a considerar.

Pero también podría el lector preguntarse cómo hace para escribir tanto. Un dispositivo es evidente: el de desplazar su grilla conceptual sobre distintos sectores de la realidad. Todo puede pensarse desde una óptica "líquida". En este sentido, el campo de análisis es potencialmente infinito. También hay otro recurso: el de escribir todo lo que se dice. Cada conferencia, cada entrevista, cada palabra de Bauman parece ser pensada para formar parte de un libro. Finalmente, un último recurso colabora en la multiplicación de sus textos: la repetición. Bauman vuelve una y otra vez sobre sus palabras. Modifica ejemplos, retoca mínimamente párrafos o, lisa y llanamente, corta y pega. De hecho, cuatro de sus 44 cartas... forman parte, casi textualmente, de capítulos de Daños colaterales . La situación llega a límites escandalosos cuando se descubre, como sucede en Daños colaterales , que las páginas que van de la 75 a la 78 son poco menos que idénticas que las que van de la 164 a la 167. ¿No hubo un editor, en la edición inglesa original, que se diera cuenta? Por respeto al propio Bauman y a los aportes que ha hecho al pensamiento contemporáneo quizá sea tiempo de que alguien lo ayude a elegir, de todo lo que sea capaz de escribir, aquello más valioso de publicar.

UN CONCEPTO FRUCTÍFERO

Zygmunt Bauman nació en Polonia, en 1925, en el seno de una familia judía de bajos recursos. Cuando era adolescente debió abandonar su país para escapar del nazismo e ingresó a Rusia como refugiado. Poco tiempo después se alistó en la resistencia contra el ejército alemán. Tras la guerra regresó a Polonia, donde estudió sociología y filosofía. Fue profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Varsovia desde 1954 hasta 1968, cuando una campaña antisemita promovida por las autoridades comunistas lo llevó a alejarse definitivamente de su país y a radicarse en Inglaterra. Allí fue catedrático de sociología en la Universidad de Leeds desde 1971 hasta su jubilación en 1990. Desde entonces, se ha dedicado a escribir y disertar como profesor invitado en las más importantes universidades del mundo. Recibió numerosas distinciones, entre las que se destaca el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010. La creación conceptual que hizo célebre a Bauman es la de "lo líquido". Según Bauman, los primeros modernos asistieron a la volatilización de los valores, las tradiciones y las instituciones que hasta entonces se consideraban inconmovibles. Pero los promotores de esa modernidad no buscaban instalarse en la evanescencia, sino reemplazar valores que se habían vuelto obsoletos por otros que resultaran más sólidos aún que ellos. En la era actual, la de la "modernidad líquida", esa pretensión se habría abandonado. Lo que ahora impera es lo flexible, lo mutable..

DAÑOS COLATERALES

Por Zygmunt Bauman

FCE

Trad.: Lilia Mosconi

240 páginas

$ 68

44 cartas desde el mundo líquido

Por Zygmunt Bauman

Paidós

Trad.: Marta Pino Moreno

214 páginas

$ 120

lunes, 16 de enero de 2012

Cada vez más análisis de ADN de parejas durante el embarazo

Se realizan para determinar la paternidad

Por Evangelina Himitian | LA NACION


En la sala de partos todo era alegría. La partera gritó la hora, felicitó a Rocío y le acercó a la beba para que le diera un beso. El padre estaba feliz y, afuera, la familia abrió un champagne. Pero cuando la flamante madre vio a su hija se le vino el mundo abajo. Era perfecta. Era lindísima..., pero tenía la cara de su ex.

Historias como éstas son cada vez más frecuentes: parejas que atraviesan los nueve meses sin saber quién es el padre y que para determinarlo recurren a un estudio de ADN, ya sea durante el embarazo o inmediatamente después del parto. Las consultas de este tipo crecieron en forma exponencial en los últimos cinco años, según afirmaron a LA NACION responsables de centros en los que se realizan estudios genéticos.

En la Sociedad Argentina de Genética Forense hay 18 laboratorios habilitados para este tipo de pruebas, de los cuales diez realizan el estudio prenatal. "Hace una década hacíamos cinco estudios prenatales al año. Hoy, más de 200. Y tenemos tres consultas diarias. Representan el 10 por ciento de la totalidad de estudios de ADN", explica Eduardo Raimondi, a cargo del Pricai, el centro de estudios genéticos de la Fundación Favaloro.

Los estudios de paternidad no son una rareza. "Hoy, la estadística indica que de cada diez niños que nacen hay uno o dos que no son hijos biológicos de sus padres legales", afirma Viviana Bernath, miembro de la Sociedad Argentina de Genética Forense, directora del laboratorio Genda, por el que cada mes pasan entre cuatro y cinco embarazadas.

LOS RIESGOS PARA EL BEBE

"También creció en los últimos tiempos la cantidad de estudios de paternidad que se realizan a bebes durante el primer año de vida. Son mujeres que por alguna razón, tal vez por el riesgo que implica el estudio durante el embarazo, prefieren esperar hasta el nacimiento para realizarlo", dice la doctora Bernath, que en noviembre último publicó el libro ADN, el detector de mentiras .

Existen dos tipo de estudios que se utilizan para realizar la prueba de paternidad prenatal. El primero es el de vellosidades coriales, que implica una punción entre las semanas 12 y 13 del embarazo. El otro estudio se hace tomando una muestra de líquido amniótico, a partir de la semana 16. Para todos los casos, se requiere que se presente la madre y el padre presunto.

Dependiendo del laboratorio, los resultados se pueden obtener en una semana, la versión rápida, o en un mes. Cuestan entre 2000 y 4000 pesos.

"Las madres deben saber que el estudio prenatal implica un riesgo para el bebe, que es mínimo, del 0,5%, pero que existe", explica Primarosa Chieri, directora del laboratorio Primagen, el primero en el país en realizar este tipo de estudios. Significa que uno de cada 200 embarazos sometidos a esta prueba se pierde.

El estudio de paternidad luego del nacimiento se realiza mediante un hisopado bucal y hay que hacerles muestras a la madre, al padre y al bebe.

Existen kits para tomar las muestras en casa, pero los laboratorios no los recomiendan, ya que en ese caso, el estudio pierde la validez de prueba legal. Este estudio cuesta entre 1500 y 3000 pesos, dependiendo de la rapidez.

MÁS ACCESIBLES

"No se debe caer en el error de apuntar entre las causas de este crecimiento de las consultas a una mayor promiscuidad. Esto es histórico; la diferencia es que ahora es posible y más accesible saber a ciencia cierta la paternidad", apunta Chieri.

El perfil que más caracteriza este tipo de consultas en Primagen es el de las mujeres que atravesaron un cambio de pareja y en ese transcurso quedaron embarazadas. También en otros laboratorios indican que son frecuentes las consultas de hombres que tuvieron relaciones sexuales con una mujer que conocieron y con la que salieron un par de veces, pero que quieren estar seguros de ser los padres de ese bebe que viene en camino.

También es clásica la consulta de mujeres que concurren con su amante. Ante la noticia del embarazo, quieren estar seguras de que es hijo de su marido antes de hacer el anuncio.

"En el hall del laboratorio se ve de todo. Desde las parejas que se sienten felices y aliviadas al ver el resultado de los exámenes hasta los que se descolocan, lloran o gritan. No hay mentira que se resista a una prueba de ADN", concluye Bernath..