jueves, 15 de diciembre de 2011

Policiales del frío

Por Silvia Hopenhayn | Para LA NACION

Bajo el manto frío de los países escandinavos hay pasiones acaloradas que pueden culminar en crimen. Suelen responder a una violencia particular, ciertamente sofocada. No son asesinatos demasiado calculados, como los ingleses, ni responden a un irrefrenable impulso psicótico como en cierta novela negra norteamericana. El auge del policial nórdico refleja con maestría el devenir humano del crimen y de allí su éxito. Sobre todo aquél ligado a problemáticas domésticas y familiares, de maltratos y desamparos. También hay un inaudito crecimiento de lectores del género en distintas lenguas. La trilogía de Larsson rebalsó la lista de best sellers de países muy diversos, lo mismo que las novelas de Mankell. A ellos se sumó otra autora sueca, Asa Larsson, con Aurora boreal . Y ahora le llega el turno a Finlandia.

Acaba de aparecer en castellano Mi primer muerto , de Leena Lehtolainen (atractivo cruce de dos maestras del policial, Agatha Christie y P.D. James), novela en la que aparece también por primera vez la agente de policía Maria Kallio. Las editoriales aprovechan todos los recursos para sumarse al boom . El diseño de las tapas es muy similar para todos los autores nórdicos. Basta compararlas en cualquier librería. Cuerpos estirados por el ángulo desde donde se los enfoca; una oscuridad enigmática, de vivos rojos y negros. En este caso, un aire de fábula se agrega a la lúgubre seducción: una muchacha ladeada, vestida con lonjas de corteza y una corona de ramas, sostiene un hacha, obviamente roja, en medio de un bosque desdibujado. Todo un encanto. Sangriento, por supuesto. La novela comienza con un prólogo que presenta al muerto y a sus jóvenes amigos y potenciales autores del crimen. Son ocho los adolescentes reunidos para un ensayo lírico, más precisamente, dos cuartetos de voces, integrantes de la Asociación de Cantores Universitarios del Este de Finlandia (podría pensarse en un homenaje a Maria Callas en el nombre de la detective, Maria Kallio).

La composición del grupo inculpado enriquece la trama. La escena del velorio, con el joven cadáver en el ataúd de roble a punto de ser incinerado, es sublime: "Todos los sospechosos estaban cantando". Y sigue una descripción de la vestimenta de cada uno de los compañeros de la víctima, junto con la forma en que entonaban la estremecedora "Lacrimosa", del Réquiem de Mozart. La sospecha es súbitamente aguda o grave, según la escucha atenta de la detective: "No podía apartar mis ojos del coro, y distinguí la aflautada voz de tenor de Jiri, entre las demás; la grandiosa y oscura voz de contralto de Mirja. El pálido rostro de Tuulia enrojecía en las notas más altas".

Como en los mejores policiales, la bebida caracteriza al protagonista. María K. oscila entre la cerveza y el Jack Daniels. Para conocerla mejor hay tiempo? y varias novelas: Mi primer muerto es el comienzo de una serie que abarca once títulos.

No hay comentarios.: