jueves, 10 de noviembre de 2011

A sala llena, una celebración de la matemática en el teatro Maipo

Por Nora Bär | LA NACION

"Esto es histórico..." "Es increíble lo que está pasando..." Adrián Paenza caminaba sobre el escenario del Maipo, miraba hacia la sala llena y no salía de su asombro ante el interés que generaban sus problemas. En el público confluían figuras del arte, la ciencia y el espectáculo, como Diego Golombek, Tristán Bauer o Federico Luppi, celebridades del mundo editorial y hasta militantes políticos. Nadie desviaba la vista ni se movía de su butaca. Es más, nadie quería que ese inusitado, inimaginable show de la matemática se terminara.

Ocurrió ayer a la noche, sobre las tablas del tradicional templo de la revista porteña, donde Adrián Paenza presentó su sexto libro: ¿Cómo, esto también es matemática? (Sudamericana, 2011).

"Estamos por entrar en el mundo de la matemática -advertían las leyendas luminosas que se proyectaban sobre el telón de terciopelo rojo-. Claves secretas. Máquinas tragamonedas. Moscas que vuelan rápido como trenes. ¡Matemática para «paenzar»!"

ugado en clave de comedia, el espectáculo comenzó con un video "en solfa" sobre el propio autor. "Los que todavía tengan matemática previa, con presentar el libro de Paenza firmado la tienen aprobada", bromeó Claudio Martínez, productor de los programas del periodista y docente universitario, que en esta ocasión ofició de presentador.

El público estalló en aplausos cuando vio ingresar a Paenza y, con el mismo ánimo distendido, a sus amigos "Manu" Ginóbili y Víctor Hugo Morales. Festejó sus anécdotas, su desenvoltura y su irreverencia. Lejos de su rol de deportista de alto rendimiento, "Manu" contó cómo había empezado a disfrutar cada vez más de resolver los desafíos matemáticos que Adrián viene lanzando desde su primer libro, Matemática, ¿estás ahí? (Editorial Siglo XXI).

"Soy un atleta que no fue a la universidad y que no tiene más relación con los números que los puntos y los rebotes de sus partidos -confesó-. Pero poco a poco aprendí a dejar que el problema me «pique» un poquito. Y al final me transformé en un «beta tester» de sus libros."

Pero si esta presentación quiso eludir todas las convenciones habituales, lo confirmó con la presencia de la Presidenta acompañada de gran parte de su gabinete.

En tono intimista, Cristina Kirchner confesó que se sentía "orgullosa de estar en el mismo escenario sobre el que desfilaron «unos minones bárbaros» (por vedettes históricas, como Nélida Lobato)". Y después aclaró: "Me parece importante que un presidente (o una presidenta, en este caso) contribuya a dar visibilidad a una ciencia como la matemática para decirles a todos nuestros alumnos y docentes que necesitamos generar capacidades vinculadas con las ciencias exactas. ¿Saben que por cada 700 abogados se recibe un físico? ¡Es un horror!, y lo digo yo, que soy abogada...".

"Quiero que esto sea una verdadera fiesta", dijo Adrián Paenza. Y sin duda lo logró.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Martín Caparrós gana el XXIX Premio Herralde con una "farsa trágica" sobre la muerte

El argentino Martín Caparrós se ha proclamado este lunes ganador del XXIX Premio Herralde de Novela, dotado con 18.000 euros, con su libro 'Los Living', en que mediante una "farsa trágica" se adentra en la relación del hombre con la muerte y los muertos.

Se trata de una historia sobre la farsa y la tragedia que empieza el día en que muere el líder militar Juan Domingo Perón, en julio de 1974, con el nacimiento del protagonista del relato, Nito, cuyos primeros años quedan marcados por la muerte confusa de su padre y su abuelo y su fascinación por este tránsito.

El libro, que llegará a las librerías en dos semanas, es típicamente argentino, ha desvelado el autor arguyendo que arranca con un relato de picaresca contemporánea en tono "jacarandoso" --como le ha gustado definirlo--, pero que a medida que discurre la historia ésta va tomando dureza y densidad.

El punto de inflexión del libro se da en la adolescencia del protagonista en que su vida da un vuelco cuando conoce al Pastor, y lejos de lo esperado, éste empieza a convertirse en un ávido propagandista de la muerte y la necesidad de conservar los cadáveres de los allegados en los salones.

'Los living' es lo que da fin y sentido al libro, ha explicado el autor, que ha señalado que "los living son los salones pero son sobre todo los muertos conservados de cada familia", donde en la mayoría de hogares del libro la abuela muerta permanece sentada embalsada en la sala y conserva su presencia en la vida familiar.

LEJOS DE UNA NOVELA HISTÓRICA

Pese a que el libro refleja tres hechos significativos de la historia de Argentina, tras la muerte del militar, el escritor rechaza que sea una novela histórica con fines políticos y que esconda simbolismo sobre los 'desaparecidos' de su país, en alusión a los muertos que el protagonista lucha por conservar en la novela.

El jurado del premio, al que el escritor se presentó con el pseudónimo 'Alberto de Santos' y el título 'La vida nueva', ha estado compuesto por Salvador Clotas, Paloma Díaz-Mas, Marcos Giralt, Vicente Molina y el editor Jorge Herralde.

El editor Jorge Herralde ha destacado al autor 'A quien corresponda' y de 'Contra el cambio' como un "perturbador sistemático y sembrador de dudas", que recorre la historia de Argentina con una mirada afilada, parafraseando algunas de las grandes críticas cosechadas en la prensa internacional.

Un mapa cifrado de la vida

El francés Emmanuel Carrère conmueve en De vidas ajenas con un relato que, como es habitual en su obra,participa del género de no ficción


En el comienzo de El fin de la aventura , sin duda una de sus novelas más brillantes y complejas, Graham Greene se hace el distraído y convence al lector de que la historia que está por contar podría iniciarse en cualquier punto; si elige uno determinado es casi por azar, porque esa imagen tal vez incluso lo ha elegido a él, y entonces no ha tenido más remedio que rendírsele. "Una historia no tiene principio ni fin", escribe con picardía, para situarse luego, sigilosamente, en el momento neurálgico de la trama, cuando todo está por estallar. Es una estrategia que Greene ejecuta a la perfección por medio del escritor Maurice Bendrix, su álter ego, una mentira inocente que le permite reforzar la verosimilitud de aquello que se cuenta y redoblar por lo tanto su efecto. Y sin embargo, algo de verdad hay en ello al fin y al cabo: en particular en aquellas novelas cuyo centro sólo resulta visible luego de unas cuantas páginas, o que oscilan de un eje a otro construyendo un relato que los excede.

Ambos modelos podrían aplicarse a De vidas ajenas , la última novela del francés Emmanuel Carrère (París, 1957), y ciertamente a buena parte de su obra. ¿Por dónde empezar? Quizás el único modo de sostener cierto orden sea siguiéndolo a él mismo en esas primeras líneas tan sospechosamente novelescas que, como por casualidad, se instalan en el epicentro de la historia: "Me acuerdo de que, la noche antes de la ola, Hélène y yo habíamos hablado de separarnos". Ahí está todo: la promesa del conflicto externo, y el conflicto interno ya cercano a su clímax. Dos dimensiones paralelas que se entrecruzan, no obstante, innumerables veces; el drama de los otros actúa, para el narrador -que es Carrère mismo, autor de una novela llamadaEl adversario , guionista y director de cine, etc.-, como un mapa cifrado de su propia vida, en el que deberá leer los signos que acaso lo alejen del abismo.

Pero ese conflicto externo es, en verdad, el primero de una serie de eslabones. Todo comienza -si puede hablarse en esos términos- cuando Carrère se encuentra de vacaciones en las playas de Sri Lanka, junto con su pareja y los hijos de ambos. Es un test, un intento de estrechar lazos, una prueba a futuro. Pero eso que se proyectaba como el inicio de algo se transforma, silenciosamente, en su propio fin. Y entonces irrumpe la tragedia: el inverosímil terremoto marítimo que desencadenó un tsunami y provocó, en las costas de Malasia, Tailandia, India y la misma Sri Lanka, la muerte de más de doscientas mil personas en diciembre de 2004. Como todo buen narrador sabe, un relato no se construye desde la grandilocuencia de las cifras ni desde las generalizaciones sino haciendo pie en lo íntimo, rescatando una anécdota de entre tantas que en apariencia se asemejan. Es así que Carrère acerca la historia de una pareja que acaba de perder a su hija de cuatro años. El escritor-narrador-protagonista y su mujer los acompañan hasta donde es posible: ayudan a ubicar el cadáver, resuelven problemas burocráticos, desayunan y cenan con ellos, consiguen lugar en un viaje de regreso. El contraste con esa realidad lo arrastra hacia lo impensado: el deseo ya no de revertir las cosas con Hélène, sino de envejecer en su compañía. Y en medio de todo ello, la maquinaria narrativa se activa cuando el abuelo de la niña le dice a Carrère: "Tú eres escritor. Cuenta nuestra historia".

Mientras se debate entre hacerlo o no, y al poco tiempo de estar de vuelta en Francia, otra Juliette -era ése el nombre de la niña-, la hermana de Hélène, muere. En esa instancia la novela -o la vida de Carrère- se complejiza, se abre o comienza de nuevo. Porque la historia deJuliette, que ha dejado a su esposo con sus tres pequeñas hijas (la menor de apenas un año y medio), es también la historia de su amigo Etienne: los dos rengos, los dos sobrevivientes de un primer cáncer, los dos jueces de primera instancia; los dos, protagonistas de una suerte de cruzada contra el sobreendeudamiento o, más precisamente, contra el carácter abusivo de los contratos que entidades crediticias y bancos hacen firmar a sus potenciales víctimas y que por lo general se corporiza en la famosa "letra chica". Esto último podría sonar, así de resumido, cuanto menos aburridísimo. Nada de eso: se vuelve medular, y resulta una prueba concluyente de hasta qué punto la efectividad de una novela está emparentada con el diagnóstico de su justo desarrollo, con cierta minuciosidad que es condición casi ineludible en la búsqueda de singularidad. A fin de cuentas, no es otra cosa que la distancia entre contar y narrar.

Una década y pico atrás, Carrère publicó una novela que fue un hito en todo sentido. Llevaba como título El adversario , y era la historia de un hombre que un día dijo una mentira, luego otra, y luego ya no pudo detenerse. Un cuarto de siglo más tarde, agobiado por las deudas, abrumado por el peso de aquello que había construido con un esfuerzo mental descomunal, asesinó a toda su familia e intentó, sin éxito, suicidarse. La vida de Jean-Claude Romand, aun con los beneficios que proporcionó a su carrera, dejó a Carrère no sólo agotado sino que lo sumió en una suerte de oscuridad de la que le costó bastante salir, y que incluso lo alejó un tiempo de la escritura. "Ahora se acabó, haré otra cosa", se dijo a sí mismo, y se propuso escribir algo que lo impulsara "hacia los demás, hacia la vida". Pero el destino quiso algo muy distinto, y otra vez lo plantó delante de un episodio sombrío, cuyas ramificaciones jamás hubiese sospechado. El resultado fue Una novela rusa , un libro perturbador, inclasificable.

Narrada, al igual que las anteriores, en clave de no ficción, De vidas ajenas es quizá la más conmovedora de las novelas del autor francés, quizá la más dura, y sin duda debe haber sido la más difícil de escribir. Tal vez por eso Carrère se muestra aquí más sobrio que nunca: ya era suficiente con el material elegido, y en consecuencia decidió reducir al mínimo sus movimientos, sus marcas, las artimañas propias del oficio.

Con todo, aunque puso el foco en los otros e incluso decidió mostrar el manuscrito a quienes estaban implicados para que corrigieran o suprimieran cuanto fuese necesario, no hay que olvidar que el libro -como corresponde al género- está escrito en primera persona; es decir, aunque se ocupe de los demás hay alguien allí que está dispuesto a contar su propia historia. Y es a raíz de ese desdoblamiento que la novela se ensancha, que se vuelve tan inaprensible y a la vez, de a ratos, tan luminosa. Mientras la vida de los otros parecía desmoronarse en las playas de Sri Lanka, Carrère descubre que para él "se abría una válvula que liberaba un chorro de aflicción, de alivio, de amor, todo mezclado". Del mismo modo, esa mujer notable que fue su cuñada Juliette transforma al escritor a tal punto que en las últimas páginas declara: "Prefiero lo que me acerca a los demás hombres que lo que me distingue de ellos".

A partir de Greene, quizás haya que decir que el triunfo de una novela reside en que tanto su comienzo, como su fin, resulten intolerablemente arbitrarios..


Peter Munk, el polémico rey Midas de los negocios mineros

Por Hugo Alconada Mon | LA NACION

Un optimista del pesimismo. Así podría definirse a Peter Munk, el mandamás de Barrick Gold, la compañía minera más grande del mundo que llegó para quedarse y disparar la polémica en la Argentina. Un empresario que logró extraer agua -además de gas, petróleo, oro y montañas de dólares- de las piedras, y que ahora embolsa aún más pilas de dinero gracias a la crisis económica y financiera internacional.

Interlocutor asiduo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y otros muchos jefes de Estado, Munk se mueve como anfitrión de las cúspides del poder mundial desde hace décadas. Con ellos dialoga y cierra negocios millonarios, como los de Veladero y Pascua Lama entre la Argentina y Chile, los que más de una vez levantaron polvareda y denuncias.

Munk prefiere, sin embargo, seguir su camino, que ahora incluye la filantropía millonaria (con previa deducción de impuestos). Nada parece afectarlo -ni moderar su lengua desatada y a menudo políticamente incorrecta-, aunque eso podría deberse a la vara con la que mide las dificultades. La vara de los campos de exterminio nazis.

FUGA DEL INFIERNO

Nacido en Budapest, en 1927, hijo y nieto de millonarios húngaros, la fortuna familiar se destinó a salvar sus vidas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue en 1944 cuando su familia y más de 1600 judíos más escaparon a Suiza en un tren comprado a un nazi que se escondería durante la posguerra en la Argentina: Adolf Eichmann.

El escape resultó agridulce hasta lo atroz. Primero, porque su madre, ya divorciada de su padre, no fue parte del grupo que se salvó. La enviaron a Auschwitz, de donde finalmente también logró salir con vida. Y segundo, porque el intermediario con Eichman fue Rudolph Kasztner, un abogado acusado luego por Israel de colaboracionista, y asesinado en 1957. "El me salvó a mí, a mi familia y a otros 1628", lo defendió Munk en una entrevista con la cadena CBC. "Y además de eso, hay evidencia de que salvó a otras 20.000 o 30.000 personas", afirmó.

Tras la guerra, Munk viajó a Canadá. Se recibió de ingeniero en la Universidad de Toronto -a la que décadas después donó 35 millones de dólares- y creó Clairtone, una fábrica de televisores y equipos de música que promocionó Frank Sinatra.

Con "la Voz" de su lado y todo, Clairtone terminó mal. Y con la quiebra llegaron los primeros cuestionamientos contra Munk. Otro accionista lo acusó de vender su parte antes del colapso beneficiado por información privilegiada. El pleito concluyó con un arreglo extrajudicial. Munk desembolsó 21.000 dólares de la época, pero sin reconocer su culpa. Pagó, dijo, sólo porque podía complicarle su siguiente negocio.

Munk concluyó, además, que era mejor salir un tiempo de Canadá. Radicó en Inglaterra a su mujer de toda la vida, Melanie Jane Bosanquet, con la que tuvo 5 hijos. Dos de ellos son millonarios por méritos propios -"no les di ni para comprarse un auto", se ufanó Munk-, y otra es editora de la revista Vanity Fair . Y desde Londres apuntó tan lejos como Fiji. Desarrolló una cadena hotelera en el Pacífico Sur, que creció con el apoyo del saudita Adnan Khashoggi, el primero de una larga lista de personajes exóticos -por ser benévolos- que lo rodearían.

Traficante de armas y amante del lujo hasta la excentricidad -su yate favorito apareció en una película de James Bond-, Khashoggi merodeó todos los grandes escándalos de los años 70 y 80. Entre otros, el Irán-contras, el BCCI, el banco de Gaith Pharaon, del megalavado y hasta la desaparición del patrimonio (malhabido, claro) de los filipinos Ferdinand e Imelda Marcos, por cientos de millones de dólares.

La cadena hotelera de Munk prosperó. Y la vendió por 100 millones de dólares. Pero no tuvo la misma suerte con otro proyecto turístico con Khashoggi junto a las pirámides de Egipto. Aunque el escándalo Irán-contras le abrió a Munk las puertas a su destino dorado. ¿Por qué? Porque su socio saudita le vendió en 1987 su parte en Horsham Securities, que a su vez tenía acciones en una empresa menor: Barrick.

Por entonces, la compañía se centraba en gas y petróleo. Sólo luego apuntó al oro al comprar por 62 millones de dólares una mina menospreciada en Nevada, Estados Unidos, que honró su nombre: Goldstrike. Así, Barrick pasó de valer 46 millones en 1983 a 6500 millones de dólares una década después.

De aquellos tiempos es su vínculo con el empresario argentino Santiago Soldati, quien afirma que se dicen grandes mentiras sobre su amigo, al que define ante la consulta de La Nacion como "un admirable ejemplo de esfuerzo y perseverancia", y para el que, desde aquel momento, comenzó a preparar el eventual desembarco local de la minera.

En 1997, y muy lejos de los filones de Nevada, los presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei sellaron un acuerdo que una década después calzaría perfecto para Barrick. Firmaron el Tratado de Integración y Complementación Minera para "facilitar las inversiones privadas en la frontera de ambos países". Una suerte de "zona franca minera" o, según el presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano, de Diputados, Miguel Bonasso, "un tercer país".

En simultáneo, Munk se desplegó por otros continentes y negocios. Entre ellos, el inmobiliario. En 1994 tomó el control del emporio Trizec -él puso la mitad de los 750 millones de dólares que tuvieron que poner los inversores- y lo vendió en 2006 por 5400 millones. Lo que se dice un verdadero rey Midas.

Pero junto con su desembarco en Africa y la Patagonia, vinieron las denuncias. Desde Tanzania, por la suerte de 50 mineros cuentapropistas que fueron enterrados vivos, en 1996, durante un desalojo realizado por las autoridades locales. Otros fueron ejecutados, según reportes de la agencia Bloomberg, que se basó en los relatos de 28 familiares de las víctimas, funcionarios y activistas de entidades locales de derechos humanos.

Munk no quiere saber nada con esas organizaciones, a las que definió como "canallas" durante una entrevista con el Financial Times, y las acusó de carecer "de responsabilidad o transparencia". "Cuando vamos a Tanzania o a la Argentina o a la punta de Paquistán, aplicamos los mismos estándares ambientales y antipolución que en la Columbia Británica", afirmó durante el Foro Económico Mundial de 2007.

Sin embargo, las dos ONG sobre derechos humanos más respetadas del mundo, Amnesty International y Human Rights Watch (HRW), también criticaron a la multinacional, que de todos modos sostiene que mantiene "relaciones muy constructivas" con ambas entidades, cuyos documentos sobre Tanzania y Barrick son levantados, por ejemplo, por la Agencia para Refugiados de las Naciones Unidas (Acnur).

Aun así, la minera no cede un ápice. Ante los cuestionamientos en la Argentina, como los de Greenpeace por la destrucción de glaciares en sus minas de Veladero y Pascua Lama, el vocero jefe de Barrick, Andy Lloyd, ante la consulta de La Nacion, los califica más propios de "una novela de ciencia ficción que de la realidad".

El ida y vuelta va más allá. También el premio Nobel de la Paz Al Gore cuestiona a Barrick. Por eso, el ex vicepresidente de Estados Unidos exigió en 2007 que la minera sacara su auspicio de la conferencia que estaba por brindar en Chile. Si no, anticipó, la cancelaría. La minera retiró sus 50 dólares y los derivó a programas de desarrollo en el Valle del Huasco.

En enero de 2009, Noruega fue más allá. Retiró más de 200 millones de dólares de sus fondos de pensión en inversiones en Barrick por sus daños irreparables al medio ambiente en, por ejemplo, Indonesia y Papúa Nueva Guinea.

Pero Munk continuó su camino. Cosechó condecoraciones -incluida la de oficial de la Orden de Canadá, el más alto honor para un civil en ese país-, seis doctorados honoris causa y pasó a integrar el Companion of the Order, un consejo presidido por el titular de la Corte Suprema canadiense. Y en los negocios, unió fuerzas con Nathaniel Rothschild, el nuevo mascarón de proa de la legendaria familia para el siglo XXI. Formaron TriGranit, una desarrolladora de bienes raíces junto a dos jugadores pesados: Bernard Arnault -fundador del imperio Louis Vuitton- y Oleg Deripaska.

Juntos invirtieron, por ejemplo, más de 200 millones de euros en un puerto para yates de lujo en Montenegro. Y juntos participaron en una fiesta, en 2009, por el cumpleaños de otro potentado: Saif al-Islam Khadafy, el hijo llamado a heredar las riendas del por entonces todopoderoso dictador libio. Aunque, según replicó Lloyd, el vocero jefe desde Toronto, "Munk no tiene ninguna relación personal con miembro alguno de la familia Khadafy".

a tendencia de Munk para rodearse de socios o asesores opacos resulta llamativa. Desde el ex presidente George Bush padre a José "Puchi" Rohm, aquel del Banco General de Negocios (BGN), acusado de lavador y prófugo de la Justicia. Y una tendencia similar mostró al conceder entrevistas y defender a la minera, por ejemplo, ante las acusaciones sobre crímenes varios en Papúa Nueva Guinea. Planteó que en ciertos países "la violación en banda es un hábito cultural". Lloyd dijo a La Nacion que aquella vez lo "sacaron de contexto" y que de inmediato Munk "envió una carta de disculpas", ya que "nunca fue su intención ofender o insultar a nadie".

Los reportes negativos también llovieron sobre Deripaska, su socio en TriGranit, al que Munk definió como el "hacedor de un imperio". El Wall Street Journal reveló que Estados Unidos le canceló su visa por vínculos con el crimen organizado ruso; en España lo acusaron de lavar 4 millones de euros de la mafia, y el Financial Timesdetalló sus vínculos con Sergei Popov y Anton Malevsky, dos presuntos capos del hampa. Tras ese escándalo, Barrick optó por callar.

Tanto él como su empresa también evitaron todo comentario sobre lo que la oposición en la Argentina define con sorna como "el veto Barrick". Es decir, el primer veto a una ley de Cristina Fernández de Kirchner durante su presidencia. Fue en noviembre de 2008 y por la ley de glaciares, que de entrar en vigencia hubiera afectado los planes y las ganancias de la minera, remarcó Bonasso a La Nacion.

Pero Barrick se defiende ante las acusaciones de Bonasso y las diputadas Elisa Carrió y María Fernanda Reyes sobre un acuerdo tributario secreto entre la Argentina y Chile, con generosos beneficios para la minera y con delitos mediante de los funcionarios involucrados, según los legisladores. Se firmó a fines de abril de 2009, dos semanas después de un nuevo encuentro entre la Presidenta, Munk y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, en la Casa Rosada.

Para Barrick, el acuerdo no tiene nada de cuestionable. Sólo sería la respuesta correcta ante lo que define como la primera mina binacional del mundo. "Fue muy importante que las autoridades chilenas y argentinas hayan alcanzado un acuerdo en el tema tributario", replicó entonces su referente regional de Asuntos Corporativos, Rodrigo Jiménez Castellanos.

Con su lengua filosa, Munk aludió a la Argentina y Chile de manera más irónica. Afirmó que las presidentas Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet le rogaron para que invirtiera: "Por favor, por favor, por favor, Barrick, por favor, ponga su dinero en nuestro país", parafraseó durante la reunión anual de accionistas de 2008, según reportó el diario The Toronto Star. Para Lloyd, "Munk es bien conocido por sus discursos apasionados", pero ese comentario "no tenía un sentido literal".

Otros no piensan tan bien del acuerdo secreto. Además de Bonasso, Carrió y Reyes, dos subsecretarios de Estado renunciaron para no firmarlo; la línea técnica del Ministerio de Economía también lo rechazó, al igual que varios tributaristas. Hoy, una causa penal sigue abierta en los tribunales federales de Comodoro Py.

Pero, optimista, y a punto de cumplir 84 años (este martes) Munk ve un futuro promisorio para su minera. Porque si los problemas globales son de largo plazo, si hay crisis y hay guerras, repite, "entonces la actitud ante el oro es más positiva". Tal cual: hoy Barrick gana 10 millones de dólares por día. Aunque él aclara que el dinero figura último en su escala de motivaciones. "Para mí, el dinero no es nada más que una medida del éxito."

QUIÉN ES

  • Nombre y apellido: Peter Munk
  • Edad: 83
  • Infancia difícil: Nació en Budapest, en una familia de millonarios húngaros. Junto con 1600 judíos, escapó a Suiza en la Segunda Guerra Mundial. Más tarde llegó a Canadá, donde se recibió de Ingeniero y creó la primera empresa, que quebró.
  • Vínculos poderosos: Se mudó a Inglaterra, donde se casó con Melanie Jane Bosanquet y tuvo cinco hijos. Traficante de armas, excéntrico amante del lujo, rozó grandes escándalos de las últimas décadas. De la mano de Barrick, influyó a mandatarios de todo el mundo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Almudena Grandes gana el XIX Premio Sor Juana Inés de la Cruz

Su novela 'Inés y la alegría' "desborda perfección narrativa", según el jurado del galardón



A posteriori, se podría decir que el titular ofrecía unas pistas. La escritora española Almudena Grandes ha obtenido hoy el premio Sor Juana Inés de la Cruz por su libro Inés y la alegría (Tusquets). Se trata de la XIX edición de un galardón que cada año un jurado (en este caso compuesto por Yolanda Arroyo Pizarro, Malena Mijares e Ignacio Padilla) otorga a la autora de una novela en español especialmente destacable.

Grandes se ha merecido el premio por "ser una escritora madura, dueña de su oficio" y porque su novela "desborda perfección narrativa", según informa un comunicado emitido por la organización de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde la autora recogerá el galardón el próximo 30 de noviembre.

"Almudena Grandes construye un universo en donde plantea la subversión femenina como eje central [...] El papel de la mujer como espejo de la lucha humana en la cultura de la subversión yuxtapone la gestación de prejuicios, de desprecios y del mérito del exilio", añade el acta del jurado citado por la nota.

El Premio Sor Juana de Inés de la Cruz nació en 1993 de la mano de la escritora nicaragüense Milagros Palma y está dotado con diez mil dólares (unos 7.200 euros). Almudena Grandes sucede a la argentina Claudia Piñeiro, que obtuvo el galardón 2010 gracias a su Las grietas de Jara.