lunes, 15 de octubre de 2012

MITOMANIAS ARGENTINAS     MITOMANIAS ARGENTINAS
Cómo hablamos
de nosotros mismos
El nuevo libro
de Alejandro Grimson

Cuán profundamente argentino es insultar cotidianamente
a la Argentina. Y sin embargo…, como dice una conocida canción,
este rasgo de identidad tiene su contracara: la argentinidad al palo,
“La calle más larga, el río más ancho, las minas más lindas
del mundo...
Que el Che, Gardel y Maradona son los number one,
y argentinos ¡gracias a Dios! También Videla y el Mundial 78,
Galtieri y ‘los estamos esperando’. ¿Yo?... ¡Argentino! Del éxtasis
a la agonía oscila nuestro historial. Podemos ser lo mejor,
o también lo peor, con la misma facilidad”.
En Mitomanías argentinas, Alejandro Grimson se atreve a un original ejercicio de introspección: ofrece una lista abierta de mitos y los revisa uno por uno para hacerlos “caer”, para que muestren lo que tienen de vulnerable, de falso, de argumento insostenible, de repetición machacona.
¿Es cierto que los argentinos descendemos de los barcos, así como los mexicanos descienden de los aztecas?¿Son los paraguayos, peruanos o bolivianos los responsables del desempleo en la Argentina? ¿Fuimos la nación más europea de América Latina y una maldición nos arrojó al basurero de la periferia? ¿Brasil o Chile están en el camino correcto y la Argentina no deja de cometer errores?
Mitos patrioteros – Mitos decadentistas – Mitos de lo "nazional"
Mitos racistas – Mitos de la unidad cultural de la Argentina
Mitos sobre la Capital versus el Interior – Mitos de la sociedad inocente
Mitos sobre el Estado bobo – Mitos sobre los impuestos
Mitos sobre el peronismo
– Mitos sobre los sindicatos
y las luchas sociales – Mitos del granero del mundo
Mitos sobre el poder de los medios – Mitos del falso igualitarismo
No importa que los mitos sean de derecha o de izquierda, religiosos o laicos, patrioteros o extranjerizantes: son bombas de tiempo que hay que desactivar para que el rompecabezas argentino se organice sobre bases plurales y para que el debate público no quede encerrado en Mitolandia. Grimson nos convence de que tener una mirada más compleja y cabal de nosotros mismos es un primer paso para construir una sociedad mejor.

Para leer y conocer un poco más acerca de Mitomanías argentinas, visitá: http://www.mitomanias.com.ar/

Alejandro Grimson es doctor en Antropología por la Universidad de Brasilia. Realizó estudios de comunicación en la Universidad de Buenos Aires, y desde entonces ha investigado procesos migratorios, zonas de frontera, movimientos sociales, culturas políticas, identidades e interculturalidad. Su primer libro, Relatos de la diferencia y la igualdad, ganó el premio FELAFACS a la mejor tesis de comunicación de América Latina. Después de publicar La nación en sus límites, Interculturalidad y comunicación y compilaciones como La cultura en las crisis latinoamericanas, obtuvo el Premio Bernardo Houssay otorgado por el Estado argentino. Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad mereció el Premio Iberoamericano que otorga la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA). Ha dictado conferencias y cursos en numerosas universidades del país y del extranjero. Actualmente es investigador del CONICET y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.

jueves, 11 de octubre de 2012

MO YAN Premio Nobel de Literatura 2012


El escritor chino ha sido galardonado por la Academia Sueca por su capacidad para combinar «los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante»

El escritor Mo Yan ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2012, según ha dado a conocer la Academia Sueca en Estocolmo. El jurado ha destacado que el autor chino «combina los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante».
Al recibir la noticia vía telefónica en su domicilio, Mo Yan se ha mostrado «lleno de alegría y asustado», según ha confirmado la Academia, que recomienda su obra «Las baladas del ajo» (Kailas, 2008).
Gracias a su novela «Sorgo rojo», llevada al cine en 1987 por el prestigioso director Zhang Yimou, el recién nombrado premio Nobel de Literatura es uno de los escritores más famosos de China. En el país de las copias y la censura, tal distinción conlleva un par de pesadas cargas: ser uno de los autores más pirateados del mundo y estar permanentemente en el ojo de huracán, ya sea por su compromiso político o por la falta del mismo. Precisamente, esto es lo que le achacan algunos disidentes como Ma Jian, prohibido en China por obras como «Pekín en coma».
Aunque sus libros destacan por su aguda crítica social, Mo Yan ha conseguido sobrevivir en el difícil mundo de la literatura china sin pisar demasiados callos al autoritario régimen del Partido Comunista. Para ello, quizás haya tenido que morderse la lengua en más de una ocasión, empezando por su propio nombre literario, Mo Yan, que en mandarín significa algo así como «abstente de hacer comentarios».
Toda una declaración de intenciones que Guan Moye, como realmente se llama, confesó durante un discurso en la Universidad Abierta de Hong Kong. Quizás porque en la antigua colonia británica se respira más libertad que en Pekín, allí reconoció ante un auditorio lleno de estudiantes que escogió dicho nombre para recordarse a sí mismo que era mejor no hablar demasiado en un país como China, donde las opiniones sinceras no son siempre bienvenidas.

«Generación pérdida»

Nacido en 1955 en la provincia oriental de Shandong, en el seno de una familia de campesinos, Mo Yan pertenece a esa «generación pérdida» de chinos que tuvo que dejar los estudios para trabajar en una fábrica durante la infame «Revolución Cultural» (1966-76) de Mao Zedong. Con 20 años, ingresó en el Ejército Popular de Liberación, donde empezó a escribir sus primeros relatos a principios de los 80 ante la mirada inquisitiva de sus superiores.
Tras ser nombrado profesor de Literatura en la Academia Cultural del Ejército, Mo Yan alcanzó renombre mundial gracias a la adaptación cinematográfica de su novela«Sorgo rojo», que supuso el debut del director Zhang Yimou y de la actriz Gong Li y ganó elOso de Oro del Festival de Berlín en 1988. Ambientada, como muchas de sus obras, en los pueblos de su provincia natal que le vieron crecer y pasar hambre, «Sorgo rojo» retrata la azarosa vida de una joven que es vendida al dueño leproso de una destilería durante los violentos años de la ocupación japonesa (1931-45).
Influido por la ironía social de Lu Xun, el padre de la Literatura china contemporánea, el realismo mágico de Gabriel García Márquez, y autores occidentales como William Faulkner, Mo Yan ha cultivado unfino sentido del humor, bastante negro a veces, en títulos como «La vida y la muerte me están desgastando» y «Grandes pechos, amplias caderas», ambos publicados en español por Kailas.

Homenaje a las sufridas mujeres chinas

En el primero repasa la turbulenta historia de China durante la segunda mitad del siglo XX gracias a una metafórica reencarnación budista que convierte a un terrateniente ejecutado por sus «pecados burgueses» en un burro, un buey, un cerdo, un perro, un mono y, finalmente, de nuevo en un niño. En el segundo, prohibido en China, su visión histórica se amplía desde los últimos tiempos de la dinastía Qing hasta el fin del maoísmo para homenajear a las sufridas mujeres de este país, ya que su protagonista, casada con un hombre impotente, tiene ocho hijas fuera de su matrimonio antes de alumbrar al ansiado varón.
Mientras en «Las baladas del ajo» (Kailas) vuelve a posar su mirada en la China rural durante el principio de las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, en «La república del vino» critica la corrupción de un régimen que aún se denomina comunista pero practica el capitalismo de Estado más salvaje mientras una sociedad anestesiada por la modernidad y el dinero se entrega a los placeres de la comida y el alcohol tras décadas de penurias. Con estas obras monumentales, el mundo entero, y sus propios compatriotas, han conocido un país tan fascinante, pero también brutal, como China. Y todo gracias a un escritor que, curiosamente, no quería hablar.

El «primer» Nobel que China puede celebrar

Por primera vez, China puede celebrar abiertamente que uno de sus ciudadanos ha sido galardonado con el premio Nobel. En 2010, el disidente Liu Xiaobo se enteró de que había recibido el de la Paz en la cárcel, mientras cumplía una condena de 12 años de prisión por liderar la «Carta 08» por la democracia. Y no entre rejas, sino en su exilio en la India, es donde el Dalai Lama supo en 1989 que su lucha por la causa tibetana le había hecho merecedor también del Nobel de la Paz.
En 2000, el de Literatura recayó sobre Gao Xingjian, que huyó de China en 1987 y cuyos libros están prohibidos en este país. Por su parte, los otros Nobeles chinos son científicos que han cambiado de nacionalidad para desarrollar sus carreras en otros países.

Bibliografía de Mo Yan:

lunes, 8 de octubre de 2012



En La espada de Damocles (Tusquets), el escritor griego Petros Márkaris reúne sus artículos sobre la debacle en su país. Aquí, una pieza de 2010
El primer ministro griego, Georgios Papandreu, anunció desde la idílica isla de Kastellorizo que Grecia había solicitado el paquete de ayuda de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional y preparó a los griegos para el inicio de una «nueva Odisea». Al día siguiente un periodista le recordó que, al fi nal de la Odisea, sólo Odiseo alcanza Ítaca, pues ninguno de sus acompañantes sobrevive al viaje. No pasó mucho tiempo hasta que las profecías del periodista se hicieron realidad: los tres primeros compañeros de camino murieron ya el miércoles 5 de mayo de camino a Ítaca, es decir, de regreso a los años setenta, que es donde nos encontramos ahora. No sé por qué el primer ministro no eligió Ítaca para anunciar la nueva Odisea. Quizá porque sospechaba que lo que Grecia está viviendo en la actualidad no se asemeja mucho a una epopeya. Más bien recuerda a una tragedia.
Goethe afirmaba que las epopeyas relatan grandes acontecimientos históricos. Sin embargo, hoy en Grecia no se desarrollan grandes acontecimientos, sino que nos hallamos ante una realidad miserable, que está muy lejos de pasar a la Historia. Si los griegos buscasen un poco en la tragedia clásica no les costaría mucho encontrar un coro adecuado para su situación. Sería el coro de Las troyanas, de Eurípides, que alzan su lamento ante las ruinas de Troya. Un director ingenioso incluso podría añadir al coro a algunos griegos, preferiblemente jubilados.
Sin embargo, la tragedia que se representó en Atenas el miércoles 5 de mayo fue Los siete contra Tebas, de Esquilo, un texto en el que dos hermanos, Eteocles y Polinices, se dan muerte brutalmente. La tragedia que sigue a Los siete contra Tebas y que constituye, por así decirlo, su segunda parte es Antígona, de Sófocles, en la cual Antígona trata de enterrar a su hermano Polinices y se encuentra con la oposición de Creonte. En un principio, los griegos esperaban que la señora Merkel adoptase el papel de Antígona. Sin embargo, Merkel eligió el papel de Creonte e impidió a los griegos, forzados a ponerse la máscara de Antígona, que enterrasen a sus hermanos o, en este caso, que enterrasen sus montañas de deudas, porque la relación de los griegos con sus deudas se ha convertido últimamente en una relación fraternal.
Yo, no obstante, tengo mis dudas de que la señora Merkel sea una fi gura trágica. Tampoco George W. Bush lo era, aunque sí que desató más de una tragedia. Las fi guras trágicas no se caracterizan por su dureza, sino por su sufrimiento y su ruina. Willy Brandt sería un buen ejemplo. La señora Merkel me recuerda más bien a la Lisístrata de Aristófanes. Como Lisístrata, empeñada en poner fin a la guerra entre Atenas y Esparta, también Angela Merkel parece, por lo menos desde los últimos días, empeñada en detener el descalabro del euro. Todavía no sabemos si tendrá éxito, como Lisístrata, ni tampoco si sobreviviremos a la crisis. Sólo si fracasase se convertiría Angela Merkel en un personaje trágico.
Los alemanes creen que dominan la Grecia clásica mejor que ninguna otra nación, mejor incluso que los propios griegos. Una afirmación un tanto exagerada, pero no carente de verdad. Cualquiera que lea la segunda parte del Fausto reconocerá de inmediato el conocimiento de los alemanes sobre la Antigüedad; por no hablar de Benjamin Hederich y su Diccionario mitológico básico o Eduard Zeller y su Filosofía de los griegos. Se podría explicar así por qué la rabia de los alemanes hacia Grecia tiene algo de «clásico». Quieren que bebamos cicuta, como Sócrates, porque hemos desafi ado las leyes.
Por desgracia, los alemanes han idealizado de tal manera la Grecia clásica que ésta ha perdido la humanidad y cotidianidad que poseía. Otro vistazo al Fausto resulta sufi ciente para aclarar este aspecto. La Arcadia nunca ha existido en la tragedia de Helena, ni en la Antigüedad ni hoy en día. Y en el personaje de Euforión se revela la diferencia entre los alemanes y los ingleses. Goethe idealiza a Lord Byron como Euforión, pero Lord Byron no deseaba en realidad salvar la Grecia clásica, sino luchar en el bando de los agricultores y de los pastores griegos, sencillos e iletrados, contra los otomanos. Esto es algo que algunos periódicos y revistas, como Bild o Focus, no pueden comprender. Nos reprochan que en los últimos dos mil años no hayamos producido un nuevo Platón, un Sófocles o un Pericles y afirman que, por este motivo, somos un montón de fracasados. Glorifican la antigua Grecia pero su actitud es la de los espartanos. Su idealización les impide ver que la Grecia clásica y la Grecia moderna no convergen en los grandes poetas o en los filósofos, sino en el día a día.
El día a día de los antiguos atenienses, su mentalidad, la forma de llevar sus negocios, sus argucias con las leyes, todo eso les resulta a los griegos modernos muy cercano y familiar. Y son éstos también los motivos por los que los espartanos desdeñaban a los atenienses. La vida en Esparta era ordenada, muy disciplinada, pero también muy aburrida. Las cosas eran diferentes en Atenas, tanto en la Antigüedad como, a pesar de la miseria, en la época moderna.
En este sentido, también Aristófanes está más cerca de los griegos modernos que los grandes poetas trágicos, aunque aquéllos no lo sepan. No es necesario buscar mucho entre las obras de Aristófanes para encontrar el texto adecuado. Se trata de Pluto («la riqueza»). Aristófanes tuvo la genial idea de retratar a una riqueza ciega. Todos los personajes de la obra tratan de disputarse la riqueza y ésta no tiene más remedio que tolerarlo, porque está ciega y es indefensa. Si vemos al Pluto actual también como un ciego, entonces todo parece encajar: los griegos, los alemanes, la eurozona, los mercados financieros, los bancos, los especuladores. Todo. En la actualidad también se zarandea a Pluto y él, como es ciego, sigue sin poder defenderse..

martes, 2 de octubre de 2012

Eric Hobsbawm. Murió el historiador que vivió y describió el siglo XX como nadie

Por Luisa Corradini  | LA NACION

PARÍS.- Fue testigo del derrumbe del III Reich, de los imperios coloniales y del bloque soviético. Quizá por eso, Eric Hobsbawm, fallecido ayer a los 95 años, que nunca se hizo ilusiones sobre el futuro del imperio americano, afirmó que había "llegado la hora de volver a tomar en serio a Marx".
Nacido en la ciudad egipcia de Alejandría, en 1917, inmenso historiador y sorprendente figura del marxismo británico, Hobsbawm se hizo conocer en el mundo en los años 60 por sus trabajos sobre el mito de Robin Hood, antes de escribir una célebre trilogía sobre el siglo XIX ( La era de las revolucionesLa era del capital La era de los imperios ) y más tarde sobre el siglo XX ( La edad de los extremos ).
Pero lo más fascinante de ese personaje, alto y delgado, con la cara marcada por un rictus que parecía trazado por la espátula del pintor Lucian Freud, fue su propia vida.
En Francotirador , su autobiografía publicada en 2007, Hobsbawm narró la dimensión de esa aventura: niñez en Viena, cuando triunfaba Freud; alumno en Berlín, durante los últimos días de la República de Weimar; estudiante en Londres con el Blitz; militante comunista, en momentos del informe Kruschev sobre el estalinismo; crítico de jazz, en la edad de oro de los fifties ; profesor invitado en California, en época de los hippies ? Sus recuerdos constituyen un fascinante panorama sobre la experiencia de la política en el transcurso de ese "corto siglo XX", como él lo calificó.
Verdadero hijo del siglo XX, nacido en el seno de un hogar judío, Hobsbawm llegó con su familia a Viena cuando tenía dos años. Tras la muerte casi simultánea de sus padres, viajó a Berlín, donde fue acogido por unos parientes. Allí asistió a la Escuela Socialista para niños.
"En Alemania no había otra alternativa", reconoció, en una entrevista con Maya Jaggi, publicada en 2002. "El liberalismo se derrumbaba. Si en vez de judío hubiera sido alemán, imagino que podría haberme transformado en un nazi, en un nacionalista alemán", admitió. En aquellos años, Hobsbawm explicó a uno de sus maestros que se había convertido al comunismo y que era necesaria una revolución.
"Mi profesor me hizo algunas preguntas, y dijo: «Es evidente que no tienes idea de lo que estás diciendo. Por favor, ve a la biblioteca y busca algo para leer». Allí descubrí el Manifiesto Comunista y comprendí todo", relató en una entrevista con la BBC.
En 1933, el joven marxista se mudó a Londres, donde la vida le pareció terriblemente aburrida, aunque allí se quedó para siempre. En 1936 se incorporó al Partido Comunista de Gran Bretaña y, desde entonces y hasta 1991, colaboró con la revista teórica Marxism Today.
Hobsbawm integraba esa famosa generación de estudiantes de Cambridge tentados por el marxismo, que dio estetas, intelectuales y hasta espías al servicio de Moscú, como Kim Philby, Donald Duart Maclean, Guy Burgess, Anthony Blunt y John Cairncross. Pero a diferencia de "los cinco de Cambridge", nunca traicionó a su país. Por el contrario, combatió en las filas inglesas en la Segunda Guerra Mundial.
Fue miembro del Partido Comunista británico hasta 1989. En su biografía describió la última manifestación legal del PC alemán, en Berlín, el 25 de enero de 1933: "Junto con el sexo, la participación a una manifestación de masas en un momento de gran exaltación política es la única actividad que combina experiencia corporal y una emoción intensa en el grado más alto". Y agregó: "Contrariamente al orgasmo", el placer de manifestar "puede ser prolongado durante horas".
Ésa podría ser la explicación de su complacencia (asumida) con los ex países del Este, y en particular con Alemania Oriental.
"Antes de 1956, fui un leal miembro del Partido Comunista durante dos décadas. En consecuencia, mantuve silencio ante numerosos episodios sobre los cuales había sobradas razones para no permanecer en silencio", reconoció en 2002.
Con el tiempo, sin embargo, comenzó a criticar los errores y excesos del régimen soviético. Pero nunca abjuró de la doctrina marxista. En su último libro, publicado en 2011, Cómo cambiar el mundo , en el que analizó los problemas de la economía en el comienzo de este siglo XXI, concluyó afirmando que había llegado nuevamente "el momento de tomar en serio a Marx".
A pesar de esa filiación, Hobsbawm era leído por generaciones enteras de estudiantes y reverenciado por su habilidad para vida a la historia, usando su perspectiva socialista para contarla a través de la vida de los pueblos. "Sacó a la historia de su torre de marfil y la puso en medio de la vida de la gente", declaró el líder del partido laborista británico, Ed Miliband.
Fiel a la disciplina de trabajo que se impuso desde que publicó su primer libro en 1948 ( Labour's Turning Point: extracts from contemporary sources ), Hobsbawm trabajó hasta su último suspiro. Su libro póstumo, aún sin título, aparecerá en 2013.
Casado con Marlene Schwarz desde 1962, Hobsbawm deja dos hijos varones y una mujer, siete nietos y un bisnieto.
Su hija, Julia Hobsbawm, relató que su padre murió en la madrugada de ayer en el Royal Free Hospital de Londres, víctima de una neumonía. "Peleó contra una leucemia durante años, con calma y con lucidez. Hasta el último momento, fue fiel a lo que siempre supo hacer: trabajar. En la cabecera de su cama, dejó una enorme pila de periódicos", agregó.
Poco antes de morir, le preguntó qué mensaje quería dejarles a sus nietos. "Que sean curiosos porque la curiosidad es la mayor de las cualidades", contestó. También les recomendó la lectura de tres libros: Crimen y castigo , de Fedor Dostoievski, la poesía de W.H. Auden y el Manifiesto Comunista . "Formuló esa última recomendación -confesó Julia Hobsbawm- con un brillo de malicia en la mirada."
El mejor homenaje póstumo a ese sembrador de conocimientos, a ese excepcional formador de generaciones de historiadores y políticos, haya sido probablemente el del periodista Max Angel, que contribuyó a hacer publicar en Francia algunos de sus libros: "Ciao Eric Hobsbawm!", escribió. "Bye bye ! And thank you very much ! "

Definiciones de un pensador


El fin del comunismo
“Marx fue un profeta sin armas” (The Guardian, enero de 2011).
“Como un intelectual joven, me parecía evidente que no había ningún comunista en la URSS”. “El colapso del socialismo real fue una catástrofe moral y material de la misma dimensión de las dos Guerras Mundiales. Y no sé si no fue aún más grave”. (Clarín, junio de 1997).
“Después de 1989, una historia de nuestro tiempo que aspire a sobrevivir en el siglo siguiente debe comenzar a considerar con desapego los campos de batalla ideológica y política de nuestra época”. (Clarín, mayo de 1996).
Holocausto y guerra
“Un fenómeno como el del Holocausto es increíble, inconcebible también para mi generación, que es la que lo vivió”. (Clarín, junio de 1997).
“Las pruebas pueden mostrar de manera concluyente que el genocidio nazi realmente tuvo lugar, pero aunque ningún historiador serio dude de que la “solución final” fue querida por Hitler, no podemos demostrar que haya dado una orden”. (The Guardian, junio de 2000).
Pasado y futuro
“Soy un poco sentimental sobre el siglo XIX porque me parece que fue una época en que se podía creer tanto en el progreso material como en el sentido moral”. (Clarín, junio de 1997).

“El pasado es una dimensión de cada vida humana, de cada vida social. Sin pasado, sin memoria, no se puede vivir. De allí también la moda de reconstruirlo.” “Vivir en 1998 es mejor que vivir en el 1900 para la mayoría. Esto autoriza un optimismo modesto frente al futuro”. (Clarín, noviembre de 1998).
“Lo que el siglo XXI necesita es esperanza social y realismo histórico”. (The Guardian, abril de 2005).
Estados Unidos
“No son más capaces de controlar al mundo del siglo XXI de lo que los ingleses lo eran en el siglo XIX” (Clarín, noviembre de 1998).
“George W. Bush va a ser recordado como el peor presidente del siglo XX” (Clarín, marzo de 2008).
Argentina
“Fue un error grave de los militares argentinos la ocupación armada. Londres reaccionó con un gesto dictado por la Historia. Pero se acabó. Es necesaria una solución pacífica”. (Clarín, noviembre 1998).
“Mafalda es un personaje indispensable para entender la realidad argentina” (Clarín, noviembre de 1998).