lunes, 13 de diciembre de 2010

JULIA NAVARRO La Dama del Éxito

La dama del éxito

¿Quién es Julia Navarro, la escritora española que arrasa con las listas de ventas de su país y atrae lectores en todo el mundo? Algunas claves para conocerla

Toda una señora. Esa es la primera impresión frente al estilo sobrio de Julia Navarro, madrileña de modos sencillos que se hace un tiempo, durante una breve estadía en Buenos Aires, para recibir a LNR y acompañar los preliminares de la charla con la frase que, en el fondo del corazón, todo porteño ansía escuchar en labios extranjeros: "¡Realmente esta ciudad es maravillosa!".

Lo cierto es que, tras la figura menuda y el trato discreto de Navarro, asoman cifras que poco tienen de modestas.

Lanzada a la escritura de ficción hace apenas seis años, no tardó en convertirse en lo que se dice una auténtica "superventas": se calcula que, hasta la fecha, lleva vendidos unos tres millones de ejemplares en todo el mundo, con traducciones en treinta países (Italia, Alemania, Portugal, Corea, Japón, Rusia, China, Reino Unido y Estados Unidos, entre otros). No hay entrevista que se le haya hecho en la que, de un modo o de otro, no aparezca la misma pregunta: "¿Cómo lo hace?" Ella, invariablemente, aclara: "No hay fórmula mágica para escribir novelas y que éstas sean bien acogidas por los lectores". Ninguna receta, pues. Sólo el hecho de que, sea por su sintonía con el auge de la novela histórica, por su dinamismo o por los vertiginosos viajes temporales y geográficos que proponen (estos últimos, anclados en los propios recorridos que la autora hizo por diversas ciudades del mundo), sus novelas arrasan con los listados de ventas en su país de origen, además de captar lectores a nivel global.

Una asociación rápida y muy localista podría pensarla como una suerte de "Isabel Allende española"; sin embargo -y probablemente debido a la temática de sus primeros tres libros (La hermandad de la sábana santa, La biblia de barro y La sangre de los inocentes)-, algunos medios de su país la equipararon con Dan Brown, el exitoso autor de El código Da Vinci.

Una conexión que, sin embargo, la escritora niega de plano: "Al principio hubo alguna persona que quiso hacer una similitud, pero afortunadamente no se ha vuelto a producir -comentó recientemente a la prensa española-. Son formas de escribir muy diferentes y nadie que haya leído mis novelas puede comparar. Ni para bien ni para mal".

Surgida a partir de una noticia publicada en un periódico, que la autora leyó en plena distensión veraniega, La hermandad de la sábana santa aborda algunos de los enigmas que rodean al célebre Santo Sudario, en una trama que articula una investigación policial actual con sucesos ocurridos durante los inicios de la cristiandad y el período de esplendor de los caballeros templarios.

Con una similar combinación de datos históricos y trepidante sucesión de peripecias ficcionales, La biblia de barro vincula una expedición arqueológica emprendida en Irak poco antes de la Guerra del Golfo con los tiempos bíblicos, las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial y el mundo del tráfico de arte, mientras que La sangre de los inocentes enlaza las luchas entre cátaros y católicos con el Berlín nazi y el terrorismo islámico. Este año la autora publicó Dime quién soy, su última creación, también construida a partir del juego entre historia y ficción pero, a diferencia de las anteriores, centrada en una única época: la del trágico, fatalmente apasionante, siglo XX.

El eje de la novela es la vida de Amelia Garayoa ("una antiheroína -describe Navarro-; una mujer con muchas contradicciones"), a quien la Guerra Civil Española sorprende siendo aún muy joven y que, enamorada de un espía comunista, abandona su familia para emprender un recorrido que la llevará a sufrir la persecución estalinista, colaborar con el espionaje británico en plena Segunda Guerra, padecer la represión nazi y, finalmente, ser testigo de la caída del Muro de Berlín.

Entre las numerosas idas y venidas ideológicas, amorosas y geográficas que marcan su vida, Amelia siempre retorna a España, lo que le sirve a Navarro para trazar un perfil de lo que era la vida cotidiana en su país durante la Guerra Civil y su sombría posguerra.

-En sus novelas suele haber personajes entrenados en la escucha, que se infiltran en círculos privilegiados o muy cerrados; algo así como la insistencia en la figura del espía, que termina teniendo mucha importancia en Dime quién soy...

-No me parece que sea así. Mi primer libro fue un thriller. A su vez, La biblia de barro está escrita en contra de la Guerra del Golfo y La sangre de los inocentes trata sobre el fanatismo religioso. Dime quién soy es algo distinto, un punto y aparte con respecto a mis trabajos anteriores. Es una novela de sentimientos, de ideas y de personajes; mi obra más personal.

-¿Por qué?, ¿qué dice de usted esta novela?

-Tiene que ver con todas las historias que escuché en casa, lo que contaban mi abuela, mi madre, mis tías. Historias parecidas a las que todos los españoles han escuchado contar a sus abuelos o a sus padres. En Dime quién soy hablo del siglo XX y, naturalmente, la parte española es importante.

-¿Qué opina sobre el movimiento por la recuperación de la memoria histórica, que tanta resonancia está teniendo actualmente en España?

-Me parece imprescindible conocer el pasado. No podemos saber quiénes somos si no sabemos de dónde venimos. Siempre digo que si mi abuelo estuviera enterrado en una cuneta, yo querría sacarlo de allí y sepultarlo como es debido.

Sin abandonar la sonrisa afable, la escritora va directo al grano con sus respuestas, elude las solemnidades. Ahora le toca contestar, pero durante la mayor parte de su vida profesional era ella la que estaba del lado de las preguntas. Trabajó como periodista política en medios gráficos, radio y televisión. Rondaba los 50 años cuando el gusto por la escritura la llevó a los territorios de la ficción y a un éxito de ventas que inicialmente, asegura, la tomó totalmente desprevenida. Una grata sorpresa, en todo caso, que la impulsó a seguir produciendo, pero que nunca tuvo la fuerza suficiente como para arrancar el periodismo de su vida. "Es parte de mi naturaleza", confiesa, respecto de una profesión que sigue ejerciendo y que, además, le brindó las herramientas y la disciplina imprescindibles para encarar las investigaciones históricas sobre las que después basa sus novelas. Pero no sólo eso. Sin duda, varios de los personajes de sus obras bastante tienen que ver con su experiencia en tanta redacción periodística: Guillermo, por ejemplo, bisnieto de la protagonista de Dime quién soy y encargado de la investigación que irá develando la azarosa vida de Amelia Garayoa. O Miranda y Ana, personajes de La biblia de barro y La hermandad de la sábana santa, respectivamente, que encarnan a mujeres independientes y cultas, dedicadas por entero a su profesión.

-Sus personajes femeninos "fuertes" suelen ser muy autónomos. Y, en el caso de Amelia Garayoa, el deseo de ser dueña de su propia vida la lleva, desde un comienzo, a renunciar a la crianza de su hijo. ¿Hay una contradicción entre la realización profesional y la constitución de una familia?

-Seguro que no. Yo estoy casada hace muchos años y tengo un hijo... [sonríe]. De todos modos, es verdad que para las mujeres conciliar el trabajo con la maternidad sigue siendo difícil. Creo que las cosas realmente habrán cambiado el día en que los hombres dejen de ir a su trabajo para llevar el hijo al médico. Porque lo que ocurre hoy es que si el niño se enferma es la mujer la que se encarga de llevarlo a una consulta. Pero, además, se las ingenia para cumplir a la perfección con su trabajo. Y de garantizar que no falte leche en la nevera...

-¿Cómo definir de mejor modo el personaje de Amelia?

-Es una mujer con muchas contradicciones. En su primera juventud se convierte en una comunista idealista, romántica. Su posterior decepción con el estalinismo la marcará para siempre. Por otra parte, ella proviene de la burguesía madrileña republicana y es una antifascista convencida. Con todo, se enamora de Max, un aristócrata y militar alemán.

-Es delicada, tiene facilidad con los idiomas, accede a lo más exclusivo de la sociedad europea, viaja mucho, se convierte en la amante de un periodista norteamericano antifascista y, luego, se vincula con un aristócrata alemán. ¿Qué hay del elemento glamoroso en la construcción de este personaje?

-Nunca lo había pensado. Pero creo que la etapa en que Amelia se instala junto con Pierre [el espía comunista] en Buenos Aires podría tener que ver con lo que dices. Esta ciudad en esos años [segunda mitad de la década del 30], su vida cultural, todos los artistas e intelectuales que la visitaban... había glamour.

Por Diana Fernández Irusta
revista@lanacion.com.ar

VIDA Y OBRA

Nació en 1953, en Madrid, donde vive actualmente.

Trabajó como analista política en la agencia Europa Press, además de desempeñarse en diversos medios gráficos, radio y televisión en su país.

Antes de abordar la ficción, escribió libros de actualidad política, como Nosotros, la transición; Entre Felipe y Aznar, La izquierda que viene y Señora Presidenta.

Su incursión en la novela la catapultó a los primeros lugares de los listados de ventas. Hasta el presente, la producción novelística de Navarro abarca La hermandad de la sábana santa (2004), La biblia de barro (2005), La sangre de los inocentes (2007) y Dime quién soy (2010).

Entre los premios que obtuvo se cuentan: QuéLeer a la mejor novela española de 2004, Ciudad de Cartagena, Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao 2005 y Protagonistas de Literatura.


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