domingo, 11 de agosto de 2013

Las batallas de la prensa ya son historia


En la noche de los Martín Fierro, Jorge Lanata definió la situación de división de aguas en la Argentina de hoy como "la grieta".
El tema ya repercute en el mundillo editorial. Así como en su momento fueron tema recurrente en los libros de política el fenómeno del peronismo, los años 70, el terrorismo de Estado, las grandes investigaciones en la década del 90 y la crisis de 2001, las batallas en el periodismo ya es tema dominante o excluyente de varios títulos.
Hacer un rápido repaso por algunos libros emblemáticos en la materia publicados en los últimos tiempos permite dimensionar el abismo en las posturas.
Sorprenderá saber que el contraste más grande no se da entre periodistas ubicados en diferentes veredas, sino por parte de dos que simpatizan con el actual gobierno. Así, K, Letra bárbara. Periodismo sucio y sublevado, del panelista de 6,7,8 Orlando Barone, y Redacciones. La profesión va por dentro, de Carlos Ulanovsky, ambos publicados por Sudamericana, tienen enfoques diametralmente opuestos. El primero es una catarsis tosca, apurada y resentida de alguien que se ufana de ser un renegado del oficio de informar. Enchastra con nombre y apellido a colegas críticos, de quienes asevera que "la letra [K] los persigue como una pesadilla". Todo el libro destila rencor hacia quienes no comulgan con el actual poder.
En sus antípodas, el de Ulanovsky es un libro delicioso y recomendable que se vuelve del todo original por reivindicar la felicidad de trabajar en un medio precisamente en una época en la que los periodistas nos miramos con desconfianza o somos descriptos desde el atril presidencial y sus adláteres como la peor basura del mundo. En Redacciones, en cambio, Ulanovsky revisa su vida profesional con aire fresco, que no quiere decir ingenuo ni concesivo, desde sus comienzos en la década del 60 y llega hasta nuestros días. Y arma enormes y afectuosas listas de periodistas, en las que los nombres vuelven a entremezclarse sin las actuales divisiones inútiles.
Mucho menos condescendiente, el periodista Pablo Rossi, en Libertad o barbarie (El Emporio Ediciones), adopta un enfoque hipercrítico al calificar a Néstor y a Cristina Kirchner como "alquimistas del rencor" que no dudaron en llevar adelante la "cooptación de organismos de lucha y su conversión en pymes satelitales del Gobierno".
El filósofo Tomás Abraham no se muestra menos concesivo en La lechuza y el caracol (Sudamericana), pero abre el foco a la "bipolaridad" del problema: "«Ser» kirchnerista o «ser»antikirchnerista es el nuevo emblema del embrutecimiento que se nos impone".
Pretendiendo mayor ecuanimidad, el periodista Reinaldo Sietecase sentencia en Kamikazes (Aguilar) que "el kirchnerismo no es tan bueno como sus funcionarios pregonan ni tan malo como los opositores afirman" y agrega que "la disputa por imponer un relato implica la eliminación de los matices".
Daniel Muchnik en Aquel periodismo (Edhasa) logra una historia minuciosa y equilibrada, con sesgo autobiográfico, sobre los medios de comunicación más relevantes. Y hace un esfuerzo grande de objetividad para diagnosticar lo que viene ocurriendo. Está convencido de que la "crispación manifiesta contra el «enemigo» ha demorado los cambios que el periodismo necesitaba y ha ido en perjuicio de todos".
En este mismo sentido, Eduardo Levy Yeyeti y Marcos Novaro en Vamos por todo (Sudamericana) aportan que "periodistas y empresas, mientras más duramente criticaban las políticas que éste les imponía, más comprometían su posición, fortaleciendo la tesis oficial de que la objetividad era un mito, y la información no era más que un arma entre otras de la lucha en el poder".
Tanto Rossi como Abraham no dudan en calificar al kirchnerismo de fascista. El periodista que acompaña a Mariano Grondona en Hora clave asegura que el Gobierno "desentierra rasgos de un fascismo característico de las derechas". El autor de La lechuza y el caracol habla del "relato fascista del poder" porque "el fascismo se define por la superposición entre información y propaganda".
El director de la Biblioteca Nacional, y conspicuo integrante de Carta Abierta, Horacio González, presenta un enjundioso y documentado estudio que parte de algunas ingenuidades en Historia conjetural del periodismo (Colihue) y remata que en Página 12 "sigue residiendo el periodismo que más nos gusta".
Hay otros dos libros muy esperados que todavía no salieron: el de Edi Zunino, sobre periodistas contra periodistas, que publicará Sudamericana en noviembre y Guerras mediáticas, de Fernando Ruiz, que verá la luz gracias a la misma editorial en marzo.
Martín Sivak logra en Clarín. Una historia (Planeta) un relato detallado y atractivo del enemigo público N° 1 del Gobierno, en tanto que Eduardo Blaustein en Años de rabia (Ediciones B) habla con mayor desdén del "sistema Clarín", aunque reconoce que "la comunicación periodística del kirchnerismo tiende a espejar y amplificar la agenda oficial". Pero también se la agarra con Lanata, al que acusa de tener "poder de fuego propio puesto en alquiler, demiurgo virtual, cowboy solitario cabalgando el crepúsculo". Como se ve, nadie se guarda nada..

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