lunes, 18 de febrero de 2013

Autoayuda, un género que se supera a sí mismo


Firmados por profesionales o por figuras mediáticas, los títulos de autoayuda son un territorio lleno de repliegues y diferencias. Pero se renuevan y son best-séller. ¿Por qué? Hablan lectores, libreros y editores. Además, la opinión del filósofo Alejandro Rozichtner.

POR MARCOS MAYER

AUTOAYUDA. El espacio fue ocupado por profesionales, pero también por textos cuyo mayor diploma es la celebridad.
AUTOAYUDA. El espacio fue ocupado por profesionales, pero también por textos cuyo mayor diploma es la celebridad.

Cómo puede ser que estemos tan deprimidos, cuando somos tanto más liberados, abiertos, magnánimos, antirracistas, cultos y alfabetizados que las personas de otros lugares y otros tiempos? Dicho esto, somos tan impotentes como ellas para poner freno una y otra vez a las mismas atrocidades, a pesar de que son tantos los ángeles guardianes de la ética que velan sobre nosotros. ¿Dónde está entonces el progreso?” Estas dos preguntas, que vienen a ser en realidad una sola, se encuentran en la página 55 de un libro que lleva un título que rumbea para el lado de la autoayuda, pero que no lo es. En Don Quijote, para combatir la melancolía (Fondo de Cultura Económica), la psicóloga francesa Françoise Davoine trata de encontrar en las peripecias del héroe de Cervantes algunas respuestas a esa pesadumbre cuya persistencia a lo largo del tiempo parece poder más que el progreso.
A diferencia del género conocido como autoayuda y que es, en realidad, un mapa lleno de repliegues y diferencias, el trabajo de Davoine no encuentra soluciones al final del camino. Allá Quijote y aquí nosotros, cada uno con su melancolía a cuestas, incluido la del propio Miguel de Cervantes. Quien compra textos de Jorge Bucay, Pilar Sordo o Bernardo Stamateas (por nombrar a los más persistentes en este campo) busca soluciones, no interrogantes.

Aquello que se busca
Una breve encuesta realizada en las redes sociales ofrece este tipo de respuestas: “Se leen por necesidad de encontrar respuestas a lo desconocido, por tener la sensación de falta de recursos para resolver situaciones nuevas, por modas entre otras causas”; “Tuve un tumor en la base de cráneo cuando tenía 36 (ahora cumplí 53), tenía que enfrentarme a cirugías, y recurrí a todo, incluso a libros de autoayuda, que no me sirvieron demasiado. Necesitaba ‘comprar’ al destino, al misterio, más tiempo de madre para mis hijos. Ahora ni me acuerdo qué leí, pero digamos que me sirvieron para tranquilizarme, para parar la pelota y pensar”. El único varón en responder cuenta: “Hay uno que es el que más recuerdo y no me pareció malo ya que pude comprobar algunas cosas que dice. Se llama Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus . Lo que pude comprobar es la forma de verbalizar de las mujeres y comprenderlas mejor, de alguna manera (¡nada menos!). Sé que no es ‘intelectualmente correcto’ que uno lea libros de autoayuda, pero soy un tipo curioso (también tengo mi cuota de frivolidad, lo reconozco) y eso me llevó a leerlos”.
De estos testimonios surgen algunas cuestiones. Por un lado, contra lo que se suele suponer, la consulta de libros de autoayuda no es vivida con vergüenza, algo que corrobora Lucas Rodríguez Perea, de La Boutique de San Isidro: “El que compra autoayuda es muy fiel al género y cero pudor para pedirlo, no así el de Las sombras de Grey que lo pide solapado. El que lee autoayuda no discrimina a los que leen literatura, aunque sea objeto de discriminación”. Cuenta Miguel Angel Morelli, de Ramos Libros, de Quilmes: “Básicamente el público consumidor de autoayuda es de clase media y clase media alta. Y, por abrumadora mayoría, femenino. Los hombres, si bien consumen autoayuda también, lo hacen más con libros que se aproximan a la PNL (programación neurolingüística) o al marketing”.
Por otra parte, pareciera que siempre se acude a ellos frente a algún problema o malestar emocional. Algo que los autores parecen tener claramente en cuenta a la hora de escribir sus libros. Si se analizan algunos textos salidos recientemente, se verá que muchos de ellos repiten una determinada forma de presentación.

Rumbo a la felicidad
El primer paso es diagnosticar una determinada tendencia en la sociedad. Es lo que se puede leer en Bienvenido dolor , de la chilena Pilar Sordo, una de las más exitosas autoras del género. Allí se propone que la creciente resistencia al dolor (físico, pero sobre todo espiritual) que hay en nuestras sociedades anestesia también la capacidad de disfrutar la vida en toda su plenitud. Por su parte, No me maltrates del psicólogo y pastor Bernardo Stamateas, plantea: “En todos los ámbitos en los cuales nos desarrollamos el maltrato está creciendo, la forma de tratarnos y de relacionarnos cada vez es más agresiva, impulsiva”. Mucho más positivas, Verónica de Andrés y su hija Florencia sostienen en Confianza total : “Hemos comprobado que algunas personas que, a pesar de haber alcanzado todas sus metas y sentirse vacías, lograban encontrar un propósito superior que volvía a cargar de significado y felicidad sus respectivas vidas”.
Aunque no se basen más que en estudios grupales reducidos (es el caso de Pilar Sordo) pero generalmente en impresiones, estos libros resultan eficaces en postular lo que podría llamarse un clima de época o en estado de situación que, una vez establecido, funciona como el contexto que exige soluciones destinadas a modificarlo y a mejorarlo. Finalmente, son situaciones que de un modo u otro afectan a la gran mayoría. ¿Quién no ha sentido alguna vez que era agredido injustamente o que sus logros no hallaban la anhelada plenitud?
“En muchas ocasiones, cuando los problemas son de mala relación, poca comunicación o timidez, es decir, problemas que involucran a otros, por su propia característica como género que subraya el componente ‘auto’, libros de autoayuda propondrán su resolución en virtud de cambios en las actitudes personales, un mayor desarrollo de la autoconfianza, la incorporación de técnicas efectivas de persuasión o el despliegue de una ‘simpatía’ adquirida siguiendo un conjunto de preceptos que el propio texto proporciona”, sostiene Vanina Papalini, doctora en ciencias sociales e investigadora del Conicet.
Las acciones que se sugieren a los lectores para superar su problema suelen presentarse de modo sistemático e incluso rodeadas de cierto aparato bibliográfico que reúne enseñanzas de la psicología conductista con aportes del psicoanálisis y ciertas formas de sabiduría de neto corte new age , o de cuño oriental. Parte de la infalibidad prometida descansa en este gradualismo. Así, por ejemplo, Stamateas propone una serie de pasos para enfrentar cada una de las formas que asume el maltrato, o el subtítulo de Confianza total propone “Herramientas para desarrollar la inteligencia emocional, la autoestima y la motivación”. Es un género en el que la aplicación práctica importa muchísimo más que la teoría que la sustenta y esa seguramente es una de las razones de éxito y vigencia que viene de larga data.

Un pasado genérico
Si dejamos de lado enseñanzas bíblicas y consejos de filósofos y moralistas, quien abrió el provechoso mundo de la autoayuda fue el norteamericano Dale Carnegie con su exitosísimo Cómo ganar amigos e influenciar sobre las personas que se editó en 1940 en español y pasó muy rápido a la categoría de best-séller permanente. Execrado por intelectuales y objeto de burla, logró integrarse a una zona de la cultura del éxito en tiempos de modernización cultural, un espacio cuya bandera más visible fue la revista Reader’s Digest que se ocupó de difundir por el mundo la fantasía del american dream . El mismo que sostiene que todos, aún los más sumergidos socialmente, pueden llegar a ser presidentes de los Estados Unidos y cuya raíz primera es la autobiografía de Benjamin Franklin, una historia de autosuperación que inspiró a Sarmiento sus Recuerdos de provincia . Lo que puede leerse en ellos es la convicción de que la propia capacidad llevará a la larga o a la corta a que se ocupe el lugar que se merece. Los libros de hoy ven posible el cumplimiento de ese destino, siempre y cuando se sigan determinados pasos.
El Reader’s Digest fue de lectura casi obligatoria en muchísimos hogares del país, entre los que propagaba su credo de que un déficit o una desgracia podía transformarse, esfuerzo mediante, en felicidad. En uno de los raros momentos de humor de Sobre héroes y tumbas , Ernesto Sabato propone irónicamente títulos que podrían hallarse en la revista: “Del primer empleo me echaron a puntapiés, Nuestro romance empezó en el leprosario, Vivo feliz con mi cáncer, Perdí la vista pero gané una fortuna”.
Esa clase media confiada en el futuro hasta la ingenuidad, aunque anclada en todas sus convicciones y lugares comunes de siempre, era sometida a críticas demoledoras, desde Landrú al café concert, de Jauretche a Cortázar. La imposición cada vez más general de estas perspectivas hizo languidecer a todas esas enseñanzas que llegaban en libros y revistas.
Hasta que a mediados de los 80, la norteamericana Louise Hay, con Usted puede sanar su vida , recuperó todo el terreno perdido y, más aún, lo expandió. Se mantuvo durante más de un año al tope de las listas de best-séllers. Hoy esa clase de libros compiten por los primeros lugares de venta con el ensayo político, pero su vida útil está bastante menos pegada a la coyuntura. La leyenda, transmitida por la propia Hay, dice que sufrió un cáncer vaginal que curó milagrosamente luego de que ella cambiara su actitud ante la vida. Se ponía como ejemplo del éxito de aquello que predicaba.

Profesionales y legos
Desde entonces, el espacio fue ocupado por profesionales, como Bucay, Rolón o Stamateas, que tienen un diploma que exhibir para respaldar su capacidad para transmitir mejores formas de vivir. Hay una experiencia con el dolor y las dificultades ajenas y no sólo con las propias.
Pero también sus textos deben convivir con figuras cuyo mayor diploma es la celebridad que acompaña su vida, que en sus libros aparece como una experiencia única y sobre todo ejemplar. De alguna manera, ponen en evidencia una contradicción del género que la profesionalidad de los demás autores disimula. Por un lado la propuesta de integración, de romper con el aislamiento con esa consigna que se repite de libro a libro, asumirse, descubrir los valores en uno mismo (incluso la revista que difunde esta zona de la cultura se llama Uno mismo). Por el otro lado construirse como un ser único que no se parezca a los demás, diferenciarse. Es el mito de la fama, sobre todo la mediática, ser como todos pero de una manera personal e intransferible que hace que se termine por no ser como nadie.
Hace ya varios años que el conductor radial Ari Paluch es un best seller serial. Y acaba de publicar su tercer libro, Corriéndose al interior , en el que reitera sus enseñanzas que van a lo espiritual (que es otra de las vertientes de la autoayuda), vinculándolas con zonas de la producción cultural –como cuando alude al tango– a circunstancias personales o diagnósticos de carácter más general: “Sufrimos por el dolor que una situación nos causa pero agregamos más sufrimiento al no querer aceptar el dolor (…) que tiene un propósito o una misión de la que no podemos escapar, hasta no aceptarla, comprenderla y trascenderla”.
Más autobiográficos resultan Prende el optimismo de Sergio Lapegüe, conductor de noticieros en TN, ¡Basta de miedos!
de Viviana Canosa y Verónica Perdomo, quien en Otra oportunidad de ser feliz relata las duras circunstancias que debió pasar para superar un ACV. “Si estás buscando algo, si lo deseás con todo el corazón, no te quedes sentado esperando que caiga del cielo. Tenés que salir a la calle, romper la coraza, vencer el miedo… De esa manera, tarde o temprano, eso que tanto deseás finalmente va a pasar”, concluye.
Dice Paluch en una entrevista que escribió su libro impulsado por una serie de acontecimientos (la muerte de alguien de su misma edad, el cuestionamiento de una asistente a una conferencia) que no se diferencian de lo que le ocurre al común de los mortales. Por su parte, Lapegüe insiste en que es uno más, sin pretensiones ni excentricidades, igual a sus lectores y televidentes, mientras que Canosa se coloca en el lugar de quien ha llegado y transmite lo aprendido a quien quiera emprender su mismo camino. Y lo suyo es una clara historia de superación de trabas e impedimentos internos que prologa su psicoanalista Vivian Loew. El libro de Lapegüe lleva un prólogo de Palito Ortega, quien es también el autor de la cortina musical de su programa diario Prende y apaga. No deja de ser una diferencia de tono y de intención.
Lo paradójico de esta zona del género es que transmiten ese supuesto saber sobre la vida que no se aprende en los libros, pero lo hacen a través de un libro.

La red sanadora
Los editores consultados coinciden en que se trata de textos que no se escriben a pedido y que uno de los criterios fundamentales de evaluación de sus posibilidades de ser publicados pasa por si el autor o la autora están insertos en una red de puesta en circulación del contenido de los libros. O sea, si se acompañan los libros con ciclos de charlas, y presencia periódica en los medios a través de programas propios o columnas en los diarios, además de la hoy infaltable página web. Lo que redunda habitualmente en mejores ventas.
En stamateas.com, se ofrece un servicio de “mensajes de éxito” que se reciben por mail, además de un sistema de consultas electrónicas y la posibilidad de acceder a todas las presencias del autor de Gente tóxica en los medios televisivos y radiales. Además, el sitio anuncia conferencias y Stamateas tiene una columna semanal en la revista Mía y una cotidiana en el diario Tiempo Argentino. A este esquema, el sitio de Pilar Sordo suma sus opiniones sobre determinados temas sociales y políticos como la reciente aprobación en Chile de una ley que prohíbe fumar en público.
Cuenta desde un resort de Punta del Este Claudio María Domínguez, quien escribe una columna diaria en el sitio de noticias Infobae: “He llegado a dar veinte charlas por mes, hoy bajé a unas cinco. Nunca voy con un tema preparado. Es un proceso de retroalimentación permanente. De pronto, alguien del público plantea algo y la charla deriva en ese sentido. Aunque el tema es siempre el mismo, encontrarse, dejar salir lo que tenemos dentro. En el programa de radio sucedía algo parecido y fuimos armando el último libro con preguntas de los oyentes, que superaron todas las expectativas, llegamos un día a 2000. De allí nació La vida es un juego ”.
De todos modos, “autoayuda” es una denominación con poca prensa, aunque sea la que se haya impuesto, tanto entre libreros como entre editores y el público. Domínguez anuncia que su próximo libro será el “antiautoayuda” y en la contratapa del libro de Stamateas se lee algo que puede considerarse un beligerante alegato al encasillamiento en que las categorías de los maltratadores descriptas en sus páginas trasladan sus patologías a la evaluación del texto, por ejemplo: “‘Me lo recomendaron...pero yo no creo en esta clase de libros’” (el que descalifica), o “Lo dejé por la mitad, no encontré nada interesante” (el crítico).
Se podrá acusar al género de muchas cosas, pero no de falta de realismo. Tienen claras las necesidades de su público e imaginan que en definitiva la solución es siempre individual, bastante simple y que la mayoría se resiste a adoptarla porque no han encontrado la voz que finalmente lleve a encontrar el mejor camino. Ahí todo lo que parecía realismo se transforma en ilusión, por no decir ilusionismo. La pena tiene esas cosas, vive entre la contradicción de parecer definitiva y la esperanza de que un día habrá de cesar. En ese deseo entre resignado y rebelde se mueve un género que evidentemente llegó para quedarse y que no deja de anclarse en esa melancolía para la que el progreso no parece tener remedio. Juegan con el doble mensaje de que el camino es uno solo para todos (el “sé tú mismo”) y la fantasía de que es factible armar la propia aventura.

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