miércoles, 5 de abril de 2006

Fontanarrosa premiado en el Hay Festival

CARTAGENA DE INDIAS.- Ovacionado por el público y aplaudido cálidamente por sus colegas en el escenario, Roberto Fontanarrosa fue elegido por los 40 escritores que participaron del Hay Festival como el mejor entre ellos. El galardón consistió en una primera edición de Charles Dickens del año 1848.
Cayeron papelitos blancos desde los palcos, anoche, cuando el nombre de Fontanarrosa fue pronunciado por el presentador Guido Tamayo, un conocido editor colombiano que cerró la gala. Y Fontanarrosa, emocionado y sin perder nunca el humor, dijo: "Muchas gracias... en nombre del pueblo argentino". Lo que arrancó carcajadas y aplausos.
En el escenario del Teatro Heredia estaban sus colegas: el español Fernando Savater, la brasileña Marina Colasanti, el argentino Edgardo Cozarinsky, los colombianos Laura Restrepo y Oscar Collazos, y el nicaragüense Sergio Ramírez.
"Veo que son dos tomos. Uno debe ser en inglés y el otro, la traducción", dijo Fontanarrosa al recibir el premio, al tiempo que agregaba: "Seguro que en Rosario, mi ciudad, ya debe haber fiesta en las calles". Fontanarrosa no pudo ponerse de pie para recibir el premio pues está afectado de una enfermedad neurológica que le ocasiona problemas de movilidad. En un diario local, sin tapujos, hablo de su enfermedad.
Despedida
Finalizada la ceremonia, el Hay Festival cerró anoche con la música, el color y la calidez del Caribe, y proyectos a futuro. Los organizadores trabajaron a destajo para cerrar el presupuesto de la edición de Segovia, cuya socia local en España es la argentina residente en Madrid, Sheila Cremaschi, editora de la revista cultural Intramuros. Por la noche, todos disfrutaron la presentación del Carnaval de Barranquilla, que comienza esta semana en la vecina ciudad.
¿Y la Argentina para cuándo?, preguntó LA NACION al alma máter del Hay Festival, el británico Peter Florence, quien con la directora de programación, Lyndy Cooke, selló ayer la continuidad del Hay Festival de Cartagena, que se realizará la última semana de enero de 2007.
Florence se mostró interesado en que la Argentina se convirtiera en una sede del festival en el Cono Sur. Pero no le convence una ciudad grande como Buenos Aires, "porque la experiencia que hicimos en Londres no resultó". Según él, la gente se ve tentada de perderse en las grandes ciudades. Sin embargo, los organizadores están considerando una edición del festival en algunas otras ciudades argentinas con tradición literaria y cultural.
Ayer, una fuente española dijo a LA NACION que la Fundación Mapfre ya aseguró un aporte de 90.000 euros por cada uno de los próximos tres años para el Hay Festival en Cartagena.
Del libro a la pantalla
Jorge Franco fue ayer el más solicitado por la prensa hispanohablante, habida cuenta de que Rosario Tijeras, la película del mexicano Emilio Maillé, con guión del escritor argentino Marcelo Figueras, que Franco adaptó al registro del habla colombiana, era candidata a un Premio Goya, en España, como mejor película extranjera (premio que finalmente perdió a manos de la argentina "Iluminados por el fuego").
Con la sencilla calidez con que se presta a las entrevistas, aun cuando desayuna tranquilamente con su mujer, Franco siempre estuvo conforme con el film. Como dijo durante la mesa de literatura y cine, de la que participaron el argentino Edgardo Cozarinsky, el español Javier Cercas, el colombiano Franco y el británico Hanif Kureishi, no se puede pretender que una película sea fiel a una novela, porque son lenguajes diferentes.
Cozarinsky intervino como narrador y realizador, y habló de su película Ronda nocturna. Kureishi se refirió a su primer trabajo como guionista en Mi bella lavandería. Y Cercas -que se preguntó en voz alta: "¿Qué pinto yo en esta mesa?"- contó su experiencia a partir de la adaptación de su novela Soldados de Salamina, que lleva 35 ediciones. Franco, por su parte, habló de Rosario Tijeras.
Puestos a responder por qué el cine se alimenta tanto de la literatura, Cozarinsky recordó: "Muchas películas han nacido de la crónica policial de los periódicos. Gran parte del cine negro norteamericano partió de este origen". Kureishi acotó: "El cine recurre a la narrativa porque no hay ideas nuevas. Entonces, a los guionistas les resulta mejor adaptar una idea ya probada en una novela". Expresó luego que -cinematográficamente- prefiere las ideas nuevas. "De todos modos, cuando la gente va al cine la tiene sin cuidado si el guión provino de una caja de palomitas o de una gran obra literaria. Se sienta a disfrutar de la película, y ya."
Cozarinsky completó: "Todo es un original, ya sea una novela o un guión" y citó a Bresson, al que reconoce como un maestro, "quien leía mucho a Dostoievski y utilizaba su materia".
Cercas puso de relieve que el problema de los escritores, cuando se adapta al cine una novela de su autoría, es que "siempre creemos haber escrito el Quijote o Cien años de soledad. Entonces queremos que el film esté dirigido por Orson Welles. Yo creo que el director tiene que tener la misma libertad que yo cuando escribo".
Kureishi concluyó: "No hay motivo para quejarse. Trabajamos para una industria que nos paga muy bien", ya sea que un escritor construya un guión original o se le compren los derechos para adaptar una novela.


Fuente: La Nación

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